Agustín Marín de Espinosa

Marin-Espinosa

Francisco Fernández García
Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz

Sin más causa que lo justifique que mi personal reconocimiento y respeto, quiero dedicar este artículo a D. Agustín Marín de Espinosa, conocido fundamentalmente por ser el autor de uno de los libros más sobresalientes de cuantos se han escrito sobre la historia de nuestra ciudad, aportando algunos datos biográficos hasta ahora desconocidos.

Nuestro protagonista no nació en Caravaca, sino en Sanlúcar de Barrameda, provincia de Cádiz, donde su padre D. Alonso Marín Espinosa, abogado de los Reales Consejos, ejercía como alcalde mayor desde mediados del año 1796. Existe un documento posterior, concretamente el testamento del escritor, en el que se indica que su padre fue alcalde mayor de San Fernando, también en Cádiz, aunque ignoro si ejerció este cargo con posterioridad al de Sanlúcar o simplemente se trata de una confusión, ya que la única referencia que conozco sobre D. Alonso, además de las citadas, es la solicitud de una plaza de fiscal en la Audiencia de Madrid cursada en 1811. Su madre fue Dª. María del Carmen Sainz de Aguilar, natural de Murcia, y en la pila bautismal le impusieron el nombre de Agustín José Marín Espinosa y Sainz de Aguilar; la preposición “de” intercalada en su primer apellido solo figura en la firma de sus producciones literarias, en todos los documentos oficiales aparece simplemente como Marín Espinosa. Desconozco la fecha de su regreso a Caravaca, aunque tuvo que ser anterior a 1813, en que fue elegido capitán de la soldadesca que acompañaba a la Santísima y Vera Cruz en sus traslados procesionales durante las fiestas, declarando que era “hijo del doctor Alonso Marín Espinosa, vecino de esta villa”. Cuatro años más tarde contrajo matrimonio en nuestra ciudad con Dª. María del Pilar Butiérrez (en documentos posteriores aparece como Gutiérrez), natural de Málaga. La inscripción del matrimonio, que tuvo lugar el 25 de noviembre de 1817, en el correspondiente libro de la parroquial de El Salvador nos permite conjeturar sobre el año de su nacimiento, que debió de ser 1798 o 1799, ya que según se indica en el acta, ambos contrayentes tenían 19 años de edad. El matrimonio fue bastante prolífico, teniendo al menos 8 hijos: Joaquín, Alfonso, José, Antonio, Maria del Carmen, Isabel, Josefa y Maria Dolores, esta última fallecida en 1842 de sarampión con tan solo 3 años de edad.

 Agustín Marín de Espinosa fue una personalidad con grandes inquietudes políticas y artísticas. De ideología liberal, participó activamente durante el Trienio Liberal en la política local, formando parte de la Milicia Nacional de Caravaca, creada en diciembre de 1820, de la que llegó a ser subteniente, y también de la asociación de “Comuneros” de nuestra ciudad. Los comuneros eran una asociación secreta de ideología radical liberal y republicana cuyo fin era la defensa de las libertades; en nuestra ciudad se organizó de manera clandestina durante el Sexenio Absolutista llegando a contar con bastantes partidarios, entre ellos Marín de Espinosa, que figura como tal en una relación confeccionada en 1823 titulada “Lista de los que públicamente han concurrido como Comuneros a la Logia de este nombre que se celebraba en las casas de D Alfonso Melgares y D. Miguel Perera de la Villa de Caravaca”.  Al igual que el resto de liberales, fue perseguido tras la vuelta al absolutismo. En la documentación generada con motivo de la depuración de los liberales en 1823, Marín de Espinosa aparece en una lista con otros 11 declarados como “abiertamente contra el trono y el altar, persiguiendo con escándalo a todo hombre de bien y aun asegurándose enla opinion de ser dela asociación de comuneros”, recomendando su detención, lo que sucedió poco después, siendo encarcelado en el castillo de Caravaca con 32 de sus correligionarios. Entre los documentos conservados en el Archivo Municipal de Caravaca figura un memorial fechado el 3 de enero de 1824, presentado por los presos del castillo, entre los que figura Marín Espinosa, denunciando a varios realistas que habían sido voluntarios en la Milicia Nacional. Posteriormente fue traslado a Murcia, donde permaneció hasta su liberación, lo que ocurrió aproximadamente hacia 1826. Según Gregorio Sánchez Romero, el único que hasta ahora ha investigado sobre este personaje, tras el fallecimiento de Fernando VII sucedido en 1833, pasó a militar en las filas del Partido Progresista, formando parte como vocal secretario de la Junta Provisional de Gobierno que se hizo cargo del Ayuntamiento de Caravaca el 23 de septiembre de 1840, después del pronunciamiento del general Espartero. Su trayectoria profesional es bastante desconocida, ya que solo disponemos de un documento, fechado en 1842, en el que figura como administrador de correos.

El 1 de enero de 1842 fue nombrado procurador síndico de nuestra ciudad, cargo que ocupó tan solo 6 meses, debido al cese de todos los ayuntamientos tras el pronunciamiento del general Narváez. Su primera actuación en el desempeño de este cargo fue presentar un informe denunciando el desastroso estado urbanístico de la población: “sucias y descompuestas sus calles, intransitables sus abenidas, sin alumbrado enmedio dela obscuridad dela noche, sin ninguna de aquellas cosas que hacen florecientes las Poblaciones, ofrece una perspectiva desconsoladora, y que debe escitar la atencion dela Municipalidad”, lo que impulsó la realización de diversas mejoras.

 No tengo noticias sobre la siguiente década, hasta el año 1854 en que volvió nuevamente a la actividad pública coincidiendo con el regreso al poder de los liberales durante el llamado Bienio Progresista. En noviembre de 1854 fue designado para formar parte de una comisión creada por el ayuntamiento para informar sobre los errores cometidos en el Diccionario de D. Gaspar Roig sobre la historia de Caravaca y su Cruz, con el encargo expreso de que “reunan los antecedentes necesarios y detalle una cumplida impugnacion por parte de este Cuerpo Municipal en que ademas se pruebe autentica y tradicionalmente el verdadero y milagroso aparecimiento de nuestra idolatrada y benerada reliquia, ocurrido en la mañana del tres de Mayo del año 1232”. El extenso y detallado informe fue presentado al ayuntamiento el 28 de ese mes, siendo posteriormente remitido a los editores del diccionario. El hecho de encargarle este asunto hace pensar que ya por entonces se había interesado por el estudio histórico de nuestra ciudad con vistas a la publicación de su libro. Hay que tener en cuenta que aunque salió a la calle en 1856, ya en julio de 1855 el ayuntamiento acordó suscribirse a dos ejemplares de la obra.

En abril de 1856 concluyó las transcripciones de varios documentos antiguos, concretamente los privilegios concedidos a la villa de Caravaca desde la edad media hasta Carlos I, siendo retribuido con 460 reales por “sus trabajos de traducción y material de escrivir”. Estas transcripciones se conservan en el Libro de Actas Capitulares correspondiente a los años 1855 a 1857, inserto entre las sesiones de marzo y abril de 1856. Ese mismo año publicó su libro, al que tituló “Memorias para la historia de la ciudad de Caravaca (y del aparecimiento de la Sma. Cruz) desde los tiempos más remotos, hasta nuestros días, e ilustradas con notas históricas”, editado en Caravaca en la imprenta de D. Bartolomé de Haro y Solís. Se trata de una obra bastante rigurosa cuyo valor, en palabras del medievalista D. Emilio Sáez, quien hizo una reedición facsímil de la misma en 1975, “viene determinado por la amplia visión del autor, que no se limita a una enumeración de las vicisitudes políticas de Caravaca; sino que, anticipándose a su tiempo, abarca otros muchos puntos que hoy constituyen presupuesto indispensable de la indagación histórica”.

Al año siguiente, en noviembre de 1857, recibió el encargo de ordenar “cuantos documentos, legajos y capitulares existen en el Archibo de este Ayuntamiento”, asignándole por su trabajo la cantidad de 1.200 reales y en septiembre de 1858 presentó un informe sobre los reparos necesarios en el castillo, que sirvió de base a las sucesivas reclamaciones que el ayuntamiento dirigió al Infante D. Carlos Luís de Borbón para que las llevara a cabo.

Como ya se ha dicho, Marín Espinosa fue persona de amplias inquietudes artísticas, teniendo que añadir a lo ya referido diversas colaboraciones literarias, entre las que se pueden citar “El Poeta Espinel” publicado en la revista de tirada nacional “El Mundo Pintoresco” el día de navidad de 1859 o “La reina regente” en el diario “El Faro Murciano”. Cultivó asimismo la poesía, quedando muestra de ella en el Álbum Poético de la Sociedad Literaria de Caravaca, de la que fue en 1862 uno de sus promotores.

Agustín Marín de Espinosa falleció en Caravaca el 5 de noviembre de 1866, a los 67 años de edad, de “una asma antigua complicado con una cerebritis aguda”, siendo inhumado al día siguiente. Dejó dispuesto un entierro de 8 clérigos con misa y oficio, fijando asimismo la celebración de 7 misas por su intención y las 30 de San Gregorio, “siendo mi voluntad se egecute todo lo referido a esta clausula, en el Altar de Nuestra madre y Señora de las Angustias, de cuya cofradía soy siervo, y a quien he profesado siempre una particular deboción”.

Fuente: elnoroestedigital.com

 

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