Cuatrocientos años de la Ermita de la Reja

Os dejamos aquí un interesante artículo de D. José Antonio Melgares Guerrero, Cronista Oficial de Caravaca de la Cruz sobre la ermita de la Reja

El año cuyo cuarto centenario conmemoramos a lo largo de este 2017, marca un punto de inflexión en la historia de Caravaca, o al menos en el aspecto relacionado con su tejido monumental. Sabemos que a lo largo de 1617 concluyeron las obras del convento franciscano de Sta. María de Gracia (hoy desaparecido tras la Desamortización de 1835, sobre cuyos restos se edificó la Plaza de Toros). También sabemos que el 16 de julio se produjo el comienzo de las obras de construcción del nuevo templo y actual Rl. Basílica de la Vera Cruz. Y por documentación epigráfica en lápida conmemorativa situada en ella, así mismo sabemos que en 1617 se construyó la Ermita de la Reja, pequeña edificación sobre la que fijamos hoy nuestra atención.

La citada ermita, referente óptico para cuantos se detienen a contemplar Caravaca en sus dos vertientes diferentes: de abajo arriba, o de arriba abajo (que ambas ofrecen sensaciones agradables a los sentidos), ha sido objeto de un reciente y documentado estudio, original de Indalecio Pozo y Rafael Marín, publicado en la última Revista de Fiestas de la Stma. Cruz (formando parte de un antiguo vía-crucis, vía dolorosa o vía sacra local). Dicha ermita se concluyó, como ya he dicho, en 1617, según se afirma en la lápida colocada en su fachada, a falta de algún detalle o dotación de ajuar litúrgico, al que se refiere en su testamento, siete años después (en 1624), el acaudalado hidalgo local que la mandó fabricar: D. Francisco Muso Muñoz de Otálora. Es probable, por tanto, que Muso y sus allegados más íntimos contemplaran desde este lugar (que estimamos mirador privilegiado con excelentes vistas al Castillo y resto de la ciudad), los primeros momentos de la edificación del templo de la Vera Cruz en el verano y meses siguientes de ese año 1617.

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La Ermita de la Reja se construyó junto al camino viejo de Moratalla, ya borrado por el desuso del mismo, y formaba parte de un conjunto de catorce pequeñas edificaciones (erigidas sobre una propiedad de la Marquesa del Salar), que paulatinamente fueron sustituyendo a simples hitos fijados por los frailes franciscanos habitantes del convento del Egido, quienes fueron los promotores del vía-crucis que, partiendo del propio convento se prolongaba hasta la cima del cerro que ellos mismos bautizaron con el nombre de Calvario o Monte Olivete. La de La Reja era la número doce y se dedicó al “Santo Cristo del Calvario” imagen del Crucificado allí venerada hasta los años de la guerra civil española y que, tras la misma, fue regalada por el arcipreste caravaqueño Dr. Tomás Hervás García al pueblo de Cieza, donde aún se le venera como el “Cristo del Consuelo”, al que tienen por patrón de la localidad. La imagen destruida en Cieza era del mismo escultor que la nuestra: el valenciano Juan de Rigusteza (de 1602), y por tanto de igual aspecto que la allí sacrificada sin justificación alguna en el verano de 1936.

La de La Reja es la única de las catorce ermitas construidas en El Calvario caravaqueño que se fabricó con material consistente: piedra de sillería, por lo que no pereció con el paso del tiempo como sucedió con el resto, construidas a base de mampostería y cal, cuya consistencia no resistió el paso y el peso de los años.

La construcción de cada una de ellas estuvo a cargo de familias adineradas de la oligarquía local, y también de personas que invirtieron sus bienes en el proyecto franciscano, como sucedió en 1629 con María Jesús Beata, quien contrató ese año con el albañil local Alonso Martínez, la fabricación de otra ermita como las que ya había hechas y un cuarto adosado a la misma para vivir allí el resto de su vida. Desconozco a cuál de las estaciones estuvo dedicada, pero sí su ubicación en la parte y lugar junto a la cerca de dicho convento de S. Francisco, de lo que se deduce que fue una de las primeras de la vía dolorosa.

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Se conocen algunos de los nombres del resto del conjunto de ermitas, como la de La Soledad y El Santo Sepulcro (construida esta última por D. Pedro Alfaro en 1691), que fuero las últimas del recorrido; deduciéndose otras del nombre del callejero urbano, como la Calle Verónica (aún existente) y la de La Tercera Caída que el cronista conoció y ha desaparecido del mismo. También conocemos nombres de otras por la documentación histórica, que alude a la cuarta y séptima estación (Jesús se encuentra con su madre, y Jesús cae por segunda vez respectivamente). Todas estas ermitas fueron desapareciendo, como digo, a lo largo de la segunda mitad del S. XX, permaneciendo sólo en el recuerdo de los mayores y en alguna que otra fotografía en blanco y negro.

Del cuidado y conservación de cada una de ellas se encargaron primero sus propios constructores, y luego sus descendientes. (De una de ellas lo hizo mi abuela materna, acompañada de sus hijas, antes de la guerra civil), quienes retiraron paulatinamente el ajuar decorativo y litúrgico de aquellas cuando la ruina se fue apoderando de las mismas.

También la de La Reja sufrió los estragos causados por el abandono. Los de mi generación la recordamos sin dueño reconocido y sin cubierta, tras el hundimiento de la misma por causas naturales. La cofradía pasional del Stmo. Cristo de los Voluntarios (El Silencio) se hizo con la propiedad en 1958, y la empresa pública (ya desaparecida) “Caravaca Jubilar” la restauró en 2001 de acuerdo con el proyecto redactado por los arquitectos Joaquín Pozo Navarro y Guillermo Jiménez Granero.

En la actualidad la Ermita de la Reja se encuentra restaurada, formando parte del tejido monumental local y constituyendo ella misma y el entorno que la circunda un sensacional mirador desde donde contemplar y admirar el casco urbano de Caravaca. Sin embargo, el vandalismo reinante no respeta el lugar y no hace del mismo el espacio de solaz, paz y deleite de los sentidos que sería de desear. El Ayuntamiento se ocupa de ello desde diciembre de 2016.

Fuente: elnoroestedigital.com

Testimonio documental de la fundación del municipio de Caravaca

Contextualización histórica:

Tras haber sido bailía templaria y señorío laico, en 1344 el rey Alfonso XI dona Caravaca a la Orden de Santiago. Tras hacerse efectiva la posesión se procedió con el reparto de tierras entre los pobladores, sin embargo la epidemia de peste negra surgida en 1348 imposibilitó el desarrollo de la villa, ya que su incidencia en ella fue muy destacada dejando en gran medida el territorio de la encomienda caravaqueña despoblado y yermo.

Las medidas adoptadas para superar esta crisis no tardaron. En 1352 el rey Pedro I ordena la reconstrucción de los castillos existentes en la encomienda y dos años mas tarde el Maestre de la Orden de Santiago don Juan García durante una visita que realiza a la villa de Caravaca confirma el fuero que se venía usando desde su concesión en 1286 por el rey sancho IV y que era el de Alcaraz, así como los privilegios que habían sido otorgados por maestres anteriores. Considerando que estas medidas eran insuficientes para mejorar la vida y atraer nuevos pobladores concede nuevos privilegios y recursos económicos para asegurar el buen funcionamiento.

Entre estos nuevos recursos se encuentran la mitad del molino, la mitad del horno, la mitad del montazgo y la mitad de las limosnas que se diesen a la Vera Cruz. Este último punto es bastante significativo ya que además de ser el texto documental más antiguo referido a la reliquia, evidencia la existencia de fieles y devotos que acudían a su capilla lo que proporcionaba considerables ingresos a través de las donaciones que efectuaban.

Los nuevos privilegios se refieren a la ganadería ya que esta era la principal actividad económica en un territorio fronterizo como era Caravaca, expuesto a constantes incursiones por los granadinos. Entre ellos figuran el amojonamiento de la dehesa, la prohibición de entrar en ella ganado no autorizado.

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1354, noviembre, 27, Caravaca.

Carta de Don Juan García, Maestre de la Orden de Santiago, al Concejo de Caravaca confirmándole el fuero de la villa y todos los privilegios concedidos por maestres anteriores.

1 pergamino 31 x 25’5 ctms. Signatura: A.M.C., Perg. 1/1

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Sepan quantos esta carta vieren, commo nos, Don Juan Garçia, por la graçia de Dios, maestre de la Orden de la Caualleria de Santiago. Por haser bien e merçed al Conçejo e a los omnes bonos del nuestro logar de Caravaca que agora y son vesinos e moradares e seran daqui adelante, porque entendemos que es nuestro seruiçio e doblamiento del dicho lugar, otorgamosles e confirmámosles su fuero a que son poblados e buenos vsos e buenas contunbres que han e de que vsaron siempre.

Otrosy les confirmamos los Priuillejos que tienen de los maestres, nuestros antesçesores, e otrosi por les haser mas bien e mas merçed e porque el logar vala mas e sea mejor poblado, damosles la meytad del molino que fisieron nueuo e la mentad del fforrno e el medio del montadgo del dicho logar de Carauaca e lo que  fuere mandado e dado a la Vera Cruz, para que lo ayan e que fagan dello lo que por bien touieren.

Otrosy mandamos e tenemos por bien que la su defesa que ellos han que les sea guardada e amojonada por aquellos logares que deua e que les non entren en ella ganados ningunos del comendador del dicho logar nin de otros ningunos contra su voluntad, porque ellos se puedan della aprouechar, asy commo cunple a nuestro seruiçio e a pro del logar e el dicho e los montaraçes que por sy pusieren que puedan prender e leuar de los ganados que y entraren que non fueren del dicho Conçejo la pena o calopna que por ellos es puesta e se acostunbro de leuar en los tienpos pasados fasta aqui.

E por esta nuestra carta, mandamos e defendemos firmemente que ningun freyre nin seglar nin otro ninguno, non sean osados de les yr nin de les pasar contra estas merçedes que les nos ffasemos, nin contra parte dellas en ninguna manera, ca qualquier que lo fisiese, sy freyre fuese, demandargelo y emos con Dios e con Orden, e al seglar al cuerpo e a lo que ouiese nos tornariemos por ello. E desto les mandamos dar esta carta seellada con nuestro seello de çera colgado.

Dada en Caravaca, veynte e siete dias de nouienbre, era de mill e tresientos e nouenta e dos años. Yo Johan Sanches la escriui por mandado del maestre. A do dise ‘e dado’ non enpesca. Johan Sanches.

Fuente:

AMC

www.regmurcia.com

 

Introducción a la Historia de la prensa en Caravaca (I)

Durante la época anterior a la Guerra Civil, la mayor actividad periodística dentro de la Comarca del Noroeste se dio en Caravaca. En los primeros tiempos los periódicos fueron elaborados por jóvenes miembros de la burguesía local, que estaba constituida en su mayoría por propietarios con muchos ingresos y un escaso nivel cultural. Fueron los hijos de estos propietarios, quienes tras haber adquirido una formación académica sólida en otras ciudades, se lanzaron a la aventura de crear publicaciones periódicas similares a las que habían conocido durante sus años de estudios. En estas publicaciones, cada componente realizaba aportaciones literarias en prosa o en verso, o redactaba una noticia. Éste fue el origen de El Argos, el primer periódico conocido que se publicó en la localidad. Apenas sobrevivió tres meses.

    Durante el siglo XIX únicamente se crearon cuatro periódicos, casi todos ellos de información general, lo que indica la ausencia de una clase ilustrada que tuviera interés por imprimir alguna publicación en la que pudiera expresar sus inquietudes culturales.

La Luz de la Comarca

    La aparición de La Luz de la Comarca en 1885 revolucionó la historia del periodismo local. En primer lugar, porque amplió su ámbito de difusión a toda la comarca, iniciando una tendencia que más tarde seguirían otras publicaciones caravaqueñas, y en segundo lugar, porque, pese a la alta tasa de analfabetismo que existía en la localidad, sobrevivió durante, al menos, 42 años. Es, por tanto, el segundo periódico más longevo de la provincia en el periodo anterior al inicio de la Guerra Civil.

    En 1901 apareció El Siglo Nuevo, un periódico que imitó la estructura de La Luz de la Comarca y que sostuvo una sana rivalidad con éste. Ambas publicaciones mantuvieron su hegemonía hasta 1914, año en el que apareció el primer periódico caravaqueño directamente vinculado a una ideología política: La Idea, el órgano del Partido y de la Juventud Conservadora.

Publicaciones culturales

    Al inicio de la década de 1920 se asistió a un fenómeno novedoso en la prensa local: la aparición de publicaciones de tipo cultural, como Caravaca o Industrias, dos revistas que no tuvieron excesivo éxito. También hubo lugar para la prensa política, en cuyo ámbito destaca Nueva Era, un rotativo muy radical en su discurso. En 1925 todos estos periódicos habían desaparecido, mientras que La Luz de la Comarca siguió publicándose hasta 1927.

     No se han encontrado pruebas que permitan demostrar la existencia de periódicos en Caravaca durante la Segunda República. No obstante, se cree que es muy probable que apareciera alguna publicación que no ha llegado hasta nosotros. En las elecciones del 12 de abril las candidaturas republicanas lograron un 91,3% de los sufragios, el mayor porcentaje de la provincia, por lo que se antoja extraño que ninguna formación política republicana o de izquierdas creara un órgano de expresión. La única publicación periódica conocida que se editó en Caravaca entre 1927 y 1936 fue una revista escolar publicada por la Escuela Graduada “La Santa Cruz”.

prensa caravaca

Relación de periódicos publicados en Caravaca entre 1877 y 1936, ordenados por su año de aparición.

AÑO NOMBRE TIPO FONDOS
1877 El Argos General Archivo Municipal de Caravaca / Archivo Municipal de Murcia
1882 La Luz General Archivo Municipal de Caravaca / Archivo Municipal de Murcia
1885 La Luz de la Comarca General Archivo Municipal de Caravaca / Archivo Municipal de Murcia
1892 El Baluarte General Archivo Municipal de Caravaca
1901 El Siglo Nuevo General Archivo Municipal de Caravaca
1914 La Idea Político Archivo Municipal de Caravaca
1915 Heraldo de Caravaca Político Colección Particular
1920 El Hacha General Archivo Municipal de Caravaca
1921 Caravaca Cultural Archivo Municipal de Caravaca
1923 Nueva Era Político Archivo Municipal de Caravaca
1925 Industrias Cultural Archivo Municipal de Caravaca
1936 La Infancia Escolar Escolar Archivo Municipal de Caravaca

 

Fuentes:

http://www.regmurcia.com

De Lara Fernández, F. y Fresneda Collado, R. Catálogo de publicaciones periódicas de la Región de Murcia (1786-1936), Instituto de la Comunicación, Murcia, 1996.

Marín Ruiz de Assín, D. “La prensa periódica en el Noroeste hasta 1939”, en González Castaño, J. La prensa local en la Región de Murcia (1706-1939), pp. 83-88, Instituto de la Comunicación, Murcia, 1996.

Archivo Municipal de Caravaca.

 

 

 

 

 

Noticias sobre el inicio de la exhibición cinematográfica en Caravaca

Os dejamos aquí un interesante artículo del archivero municipal Francisco Fernández sobre los comienzos de la exhibición cinematográfica en Caravaca. Precisamente fue en el mes de junio de comienzos del siglo XX cuando el caravaqueño Genaro Martínez-Egea adquirió un proyector y películas en París, y las presentó en el teatro Thuillier (entonces todavía no se llamaba así).

proyector cine 1909

No puedo precisar con exactitud cuándo se produjo la primera proyección cinematográfica en nuestra ciudad, aunque creo que pudo suceder tan solo un par de años después de que los hermanos Lumiere patentasen su invento. La primera sesión pública fue el 28 de diciembre de 1895 y su repercusión fue tal que rápidamente comenzó a difundirse por todos los lugares; en Murcia sin ir más lejos se presentó en 1896.  A comienzos de 1897 los fotógrafos moratalleros Sandoval e hijo encargaron un proyector en Paris, cuya llegada se esperaba con impaciencia y curiosidad a mediados de marzo. La intención de estos fotógrafos no era la de establecerse en un solo lugar, sino explotarlo por toda la provincia: “Es esperado con suma curiosidad el Cinematógrafo de Lumiere que los señores Sandoval é hijo, fotógrafos de esta villa, han encargado á París para su exhibición en esta y otros puntos a pesar de los gastos que dicho aparato demanda, siendo los que implantarán en esta provincia, tan raro invento de Edison, que reproduce fielmente las escenas de la vida, como el Fonógrafo la música y el canto”. En Murcia lo exhibió en el Teatro Circo durante la feria de ese año, por lo que no es de extrañar que, dada la proximidad de Caravaca y las relaciones comerciales que Máximo Sandoval tenía con nuestra ciudad, a donde se desplazaba periódicamente para realizar fotografías llegando incluso a instalar ocasionalmente su estudio, presentase aquí también “su notable adelanto” durante 1897, sobre todo teniendo en cuento que desde mediados de septiembre se contaba con luz eléctrica. Sin embargo, no nos ha quedado testimonio de ello, ni tampoco de otras sesiones posteriores hasta que el caravaqueño Genaro Martínez-Egea adquirió un proyector y películas en París, presentándolas en nuestro teatro (todavía no se llamaba Thuillier) el 28 de junio de 1901.  Martínez-Egea dirigía una sociedad de la que formaba parte también su hermano y en la que se había integrado asimismo el industrial José María García para esta ocasión. Inicialmente fijaron su presentación para las fiestas de mayo, pero ciertos imprevistos hicieron que tuviera que retrasase hasta finales de junio. La tecnología del nuevo proyector, “que reúne todos los adelantos que en esta clase de aparatos se han introducido hasta el día, con cintas fotograficas que son una auténtica maravilla”, hizo que las sesiones alcanzaran gran éxito prorrogándose hasta mediados de julio, en que se trasladó a Torrevieja para su explotación durante el verano. Toda la prensa local, Caravaca contaba en aquella época con dos periódicos, reflejó la admiración del público, sorprendido por su originalidad y perfección.  En la edición de “El Siglo Nuevo” de 30 junio de 1901 aparece así reseñado: “Los cuadros, que por su luz, por la fijeza de sus imágenes, y por sus novedades agradaron al público, que era bastante numeroso, y entre aplausos  y aclamaciones tuvieron que repetirse algunos números”. Más crítico se mostró el otro periódico, “La Luz de la Comarca”, advirtiendo de los inconvenientes de proyectar cierto tipo de películas: “Con una regular concurrencia anoche se celebró en nuestro teatro la función de cinematógrafo anunciada previamente, habiéndose exhibido una serie de cuadros de excelente efecto, que llamaron la atención del público, el cual hizo repetir bastantes números. Nuestra enhorabuena a los Señores D. Genaro Martínez y D. José María García, por su acierto en la elección, recomendándoles se concreten en exponer únicamente aquellos cuadros en que no se ofenda a la moral, pues otra cosa sería ahuyentar la parte sana del público con pérdida de sus propios intereses”.

Este mismo año de 1901 los caravaqueños pudieron disfrutar nuevamente del cine durante la feria, pero no en el teatro, donde estaba actuando una compañía de zarzuela, sino en un barracón ambulante, tal y como fue en sus orígenes: “hay también cinematógrafo, vistas, fenómenos y titirimundis, es decir varios espectáculos al alcance de todas las fortuna”.
El éxito del este nuevo espectáculo fue arrollador, imponiéndose en todos los lugares donde se presentaba, por lo que empezó a ser habitual su inclusión en la programación de los teatros y demás salas públicas. Sin embargo, en Caravaca apenas encontramos noticias hasta la llegada del Cinematógrafo Olimpia en el verano de 1907, que suscitó una gran expectación ya que al parecer hacía bastante tiempo que no se ofrecían distracciones de este tipo. Eso al menos se deduce del comentario aparecido en “El Siglo Nuevo” de 4 de agosto de dicho año: “Esperamos que el público ha de favorecer este espectáculo harto tiempo deseado en Caravaca”, en ese mismo ejemplar incluía cumplida información del espectáculo ofertado: “En la próxima semana comenzará a funcionar un magnífico cinematógrafo en el Teatro Thuillier de esta ciudad, que seguramente ha de llamar la atención del público. Su dueño, nuestro antiguo amigo don Pedro Gil, se propone presentar una magnífica colección de películas de gran tamaño, extensión y de un efecto sorprendente que harán desfilar por nuestro bonito coliseo a todo este vecindario”.

La presentación en nuestra ciudad del “magnífico Cinematógrafo Olimpia” se produjo el viernes 9 de agosto, programándose tres sesiones diarias, a las 9, 10 y 11 de la noche. El éxito fue total: “Todos los cuadros presentados fueron del agrado del público, el cual pasó un rato muy agradable, presenciando un espectáculo tan bonito. El señor Gil, dueño del cinematógrafo, se propone no presentar más que aquellas películas cuyos asuntos no ofendan a la moral, y este es un precedente para que los padres de familia lleven a sus hijas sin escrúpulos de ninguna especie”. Pasada la novedad de la primera semana, las proyecciones continuaron con notable afluencia de espectadores, “tanto, que algunas secciones se cuentan por llenos completos”, aunque también comenzaron a parecer los primeros comentarios negativos, no referidos a la calidad de las películas o del proyector, sino a la debilidad del suministro eléctrico: “las películas presentadas hasta ahora son muy bonitas, habiendo gustado mucho. Lástima que al aparato de proyección no pueda dársele toda la intensidad necesaria, para que los cuadros resultasen con más claridad y por tanto de mayor efecto lumínico. Pero este defecto no es causa del aparato del señor Gil, y sí de la fábrica que suministra el fluido eléctrico que no puede ceder más cantidad”.
Para incrementar la atención del público, a comienzos de septiembre el empresario introdujo una importante novedad, consistiendo en incorporar “como número final de cada sección” una actuación musical a cargo de “afamadas coupletistas”, pasando a ser dos las sesiones diarias. Las primeras en actuar fueron las conocidas “Hermanas Lulú”, directamente traídas del Salón Actualidades, en la madrileña calle de Alcalá. También esta modalidad de programación satisfizo al público, que continuó asistiendo al local, más atraídos por las actuaciones musicales que por las películas: “Todas las noches concurre bastante público a las dos secciones para admirar la gracia y desenvoltura de las hermanas Lulú, que están haciendo verdaderos prodigios de arte. Felicitamos al señor Gil y al público inteligente que sabe apreciar lo que vale”.
El Cinematógrafo Olimpia continuó sus exhibiciones hasta la feria de octubre, comenzando a continuación una gira por diversos lugares: “Las novedades que presente el señor Gil, serán conocidas también en estos pueblos comarcanos, donde pasará algunas temporadas”. Su vacante en el teatro fue ocupada por la prestigiosa Compañía Lírica dirigida por Cesar Muro, que deleitó al público caravaqueño con su repertorio de zarzuelas y comedias musicales.
Las siguientes noticias que conozco están fechadas en septiembre de 1908, aludiendo al éxito obtenido por las películas proyectadas: “El sábado también hubo función, gustando mucho las cintas y muy especialmente la que lleva por título <<Los piratas o la novia del marino>>, que entusiasmó vivamente al público” y en mayo de 1909, en que “teniendo que reanudarse las secciones cinematográficas del Teatro Thuillier y en vista del poquísimo fluido con que contaba” se adquirió “una magnífica dinamo suficiente no solo para iluminar el teatro, sino también las calles próximas a él”.

Fuente: www.elnoroestedigital.com

Iglesia parroquial de San Francisco en Caravaca de la Cruz

IMG_1053Una pequeña joya del casco antiguo de Caravaca, poco conocida para el turismo al ser eclipsada por la gran riqueza patrimonial de la Ciudad, es la iglesia parroquial del barrio de S. Francisco.

El barrio, y por tanto su parroquia reciben el nombre del santo debido a que se ubican sobre el antiguo convento y terrenos de los Monjes Franciscanos, fundación de la que hoy día sólo quedan algunas ruinas en la zona de la monumental plaza de toros.

La actual Iglesia de San Francisco era una ermita  dependiente de la parroquia del Salvador, hasta que en el año 1970 la diócesis, por el crecimiento del barrio y consiguiente aumento de feligreses, la dotó de la consideración de Iglesia parroquial. Al principio fue el mismo vicario de zona, D. José Sánchez Ramos el sacerdote designado para tutelarla, hasta que fue nombrado primer párroco D. Fulgencio Bernal.

En septiembre de 1977 llegó, para sustituir a D. Fulgencio, el que hoy es uno de los curas más queridos por todos los caravaqueños: D. Alfonso Moya Fernández, que permaneció en la parroquia hasta el año 1990. A él se le debe una actividad parroquial y cristiana intensísima, que debido al origen humilde de la gente del barrio, fue vital para muchas personas que siempre le recordarán con el cariño que se le debe a quién en los momentos de dificultad está a tu lado y te ayuda de todas las formas posibles.

También se le deben varias reformas y mejoras en la iglesia, así como la construcción de los salones parroquiales anexos que tan importantes serían más tarde, con la llegada del Camino Neocatecumenal a la parroquia en 1982 y el crecimiento de feligreses exponencial que este movimiento de la Iglesia Católica trajo consigo.

A partir del año 1990 han sido muchos los sacerdotes que han ido dejando su huella en la Parroquia e Iglesia de San Francisco. A casi todos ellos de una forma u otra hay que agradecer también el actual aspecto y belleza del edificio, que aun careciendo de la historia y poso de tantas otras de Caravaca de la Cruz, luce un esplendor y atractivo que la convierten, valoraciones históricas aparte, en una de las iglesias más bonitas de la Ciudad y un lugar digno de ser visitado.

Fotos: Tomás García López:

https://www.facebook.com/margaritadelcamino/posts/1348295081928858

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Plaza del Arco de Caravaca de la Cruz

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Creación de la Plaza del Ayuntamiento

También llamada Plaza del Arco, este núcleo urbano, declarado Bien de Interés Cultural en su grado más alto, se localiza en una de las zonas más antiguas de la ciudad de Caravaca de la Cruz. Presidida por la Casa Consistorial del siglo XVIII, también monumento de interés artístico, se puede admirar, en su extremo final, la Iglesia de El Salvador.

Como muchas otras plazas de España los acontecimientos históricos obligaron a cambiar el nombre de ésta. Todavía hoy se conserva una placa, en la fachada del Ayuntamiento, que nos recuerda que en 1812 era llamada Plaza de la Constitución.

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Arquitectura

Como todas las plazas, ésta de Caravaca forma parte del entramado urbano de la ciudad, ordenando la confluencia de algunas de sus calles y sirviendo de punto de referencia para la actividad comercial y administrativa del municipio.

De planta rectangular y alargada, formando dos espacios o ámbitos, dadas sus dimensiones, está presidida en uno de sus extremos, y ocupando dos laterales, por el edificio del Ayuntamiento y dependencias anexas. La forma en U del edificio de esta Casa Consistorial fue en realidad, ya en el momento de su construcción, el origen de la plaza y la recreación de un nuevo centro urbano para la ciudad de Caravaca.

No hay que olvidar que la fachada posterior de la parroquia de El Salvador también da a esta plaza y junto al Ayuntamiento son los dos edificios más antiguos de la zona, todas las demás construcciones son de época mucho más reciente.

La configuración original barroca de esta plaza se ha visto alterada a lo largo de los siglos. Hoy día la zona ajardinada con su Monumento al Moro y al Cristiano, obra de Rafael Pí Belda, y el detalle de sus farolas de forja de aire modernista convierten este espacio en una curiosa referencia a las plazas ajardinadas de comienzos del siglo XX.

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Creación de la Plaza

Durante el siglo XVIII el Concejo de Caravaca vio la necesidad de ampliar las dependencias de la Casa Consistorial. La construcción del nuevo Ayuntamiento en una zona urbana aún por desarrollar permitió la creación, no sólo del edificio, sino de una plaza.

Debemos tener en cuenta que durante el período barroco, que coincide con las monarquías absolutistas europeas, el desarrollo urbano de muchas ciudades partía siempre de la creación de plazas. Estos ámbitos arquitectónicos abiertos de las ciudades, dominados generalmente por algún edificio de carácter estatal o administrativo, venían a recordar y enfatizar la centralidad de los poderes públicos y, como venía siendo habitual a lo largo de los siglos, seguían concentrando parte de la actividad económica y social de las ciudades.

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Diferentes nombres de la Plaza

La plaza del Ayuntamiento de Caravaca ha visto su nombre cambiado a lo largo de los siglos, coincidiendo casi siempre con períodos histórico de relevancia política. Así, antes de ser Plaza del Ayuntamiento, se conoció como Plaza de la Constitución (la de 1812), Plaza Isabel II, Plaza de José Antonio o, con exacta referencia a uno de sus puntos arquitectónicos, Plaza del Arco.

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Mercado del Peregrino mes de mayo “Juegos Tradicionales”

Mercado del Peregrino Mayo

El domingo 21 de mayo en la calle Corredera de Caravaca de la Cruz de 10:00 a 14:30 horas se celebrará el tradicional mercado del peregrino. Este mes la temática del mercado nos recordará a nuestra infancia puesto que está dedicado a los juegos tradicionales.

Este Mercado reúne a artesanos de nuestra zona, los cuales exponen y venden los productos que ellos mismos elaboran.

Los visitantes podrán tener un agradable encuentro con esos artesanos que ofrecen lo mejor de sus oficios y tradiciones puesto al servicio de la alimentación, el regalo y la decoración; siempre con ese toque de exclusividad que dan las manos artesanas.
Se realizan variadas demostraciones artesanas, degustaciones gastronómicas y animaciones para pequeños y grandes.

 

El accidentado viaje de fray Julián de Ávila y fray Antonio Gaytán a Caravaca en 1575

Compartimos este artículo del archivero municipal, D. Francisco Fernández García, por lo divertido de la anécdota y lo esclarecedor acerca de la naturaleza de las largas “peregrinaciones”, debido lo recóndito de nuestra Ciudad, en que se convertía viajar a Caravaca durante muchos siglos.

El accidentado viaje de fray Julián de Ávila y fray Antonio Gaytán a Caravaca en 1575

La historia del antiguo convento carmelita de San José que fundará Santa Teresa allá por el año 1575 está llena de episodios memorables que demuestran el enorme esfuerzo que requirió el establecimiento de las carmelitas reformadas en nuestra ciudad y las dificultades para su mantenimiento y continuidad, pues no hay que olvidar que a finales de 1663, antes de que se cumpliera el primer siglo de su llegada, la orden decidió el cierre del convento caravaqueño y su traslado a la villa toledana de Madridejos. La medida no llegó nunca a llevarse a cabo ya que el concejo de Caravaca se opuso con todos los medios a su alcance a tal pretensión por considerarla perjudicial para la villa y sus vecinos y contraria a las cláusulas contenidas en el contrato de fundación de dicho convento, llegando incuso a comisionar a un regidor para que se entrevistase con el Nuncio del Papa en nuestro país y le expusiese el asunto, pudiendo hacerlo asimismo ante cualquier otro tribunal y audiencia que se estimase oportuno, según se detalla en la carta de poder expedida al efecto.

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No voy a tratar el interesantísimo tema de la fundación caravaqueña por haberlo hecho en ocasiones anteriores, sino que me voy a centrar en un anecdótico suceso que tuvo lugar durante los preliminares de la fundación, cuando la orden negociaba con algunos vecinos de la villa la financiación de la misma y que ejemplifica las dificultades y desprotección que sufrían los viajeros en esa época, así como el mal estado de los caminos, sirviendo asimismo como retrato costumbrista del mal trance que sufrieron dos frailes carmelitas, los padres  Julián de Ávila y Antonio Gaytán, cuando recibieron de la madre Teresa el encargo de marchar a Caravaca. Inicialmente fue la propia Teresa de Jesús la que iba a viajar personalmente a nuestra ciudad para formalizar la fundación; no obstante, al ser advertida de las dificultades del viaje, cambio sus planes enviando en su lugar a los referidos frailes, que gozaban de su plena confianza y que fueron, a lo largo de su vida, eficaces colaboradores en la misión reformadora de la santa carmelita.
No conozco mucho acerca de estos personajes, aunque sé que el padre Gaytán viajó en varias ocasiones más a nuestra, siendo él, en mi opinión, el portador en otro viaje posterior de la célebre carta de Santa Teresa conservada en el Archivo Municipal de nuestra ciudad, no ocurriendo lo mismo con el padre Julián de Ávila puesto que, al parecer, esa fue la única ocasión que estuvo en Caravaca. Sin embargo es gracias a este último al que debemos el conocimiento de este suceso, ya que aparece relatado en el libro biográfico escrito por este religioso publicado por primera vez en 1881 con el título “Vida de Santa Teresa de Jesús”. Fray Julián de Ávila fue el primer capellán de santa y fue también uno de los que se encontraban presentes cuando, apenas transcurrido un año de su fallecimiento de Santa Teresa se exhumaron sus restos de su primitivo enterramiento en el convento de Alba de Tormes para su traslado al de San José de Ávila, momento en el que se le cortó un brazo al cadáver para dejarlo como reliquia en esa comunidad. Sin embargo, gracias a la influencia del Duque de Alba, un año después los restos regresaron a su primitivo emplazamiento, donde reposan en la actualidad. Por su parte, la reliquia incorrupta de su brazo tuvo una azarosa historia, llegando incluso a estar durante algunos años, en tiempos del dictador Franco, en la capilla del Palacio de El Pardo, época en la que viajó a muchas ciudades españolas, entre ellas Caravaca.

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Los padres Julián de Ávila y Antonio Gaytán recibieron el encargo de Santa Teresa de viajar a Caravaca para comprobar si los ofrecimientos para la fundación realizados por el hidalgo caravaqueño Rodrigo de Moya eran fiables y, en consecuencia, podían seguir los trámites para la misma. Tras comprobar la seriedad de la oferta, el 10 de marzo de 1575 se formalizó la escritura de donación, regresando seguidamente ambos a Beas, donde se encontraba la Madre Teresa. Aunque el relato no tiene fecha, a tenor de lo anteriormente expuesto, podemos conjeturar que el viaje tuvo que producirse en los crudos días invernales del mes febrero del referido año de 1575: “En la ida y en la venida se paso mucho trabajo de nieves y otros infortunios, que si todo se hubiera de contar no acabaramos tan ahina, pero lo que pasamos a la entrada de Caravaca no lo dejare de descir”.
El relato de la última etapa de este viaje se inicia en Moratalla, a donde llegaron los dos religiosos al anochecer y muy cansados “porque habiamos andado aquel dia muy larga jornada”, por lo que buscaron acomodo en una única posada que existía, como se encontraba completa, “había tanta gente, que no habia donde nos revolver”, decidieron buscar un guía y realizar el camino a pesar de lo avanzado de la noche. Emprendieron así la marcha pensando que alcanzarían su destino en un par de horas; al poco de iniciar el camino comenzó a llover y en la oscuridad de la noche observaron el comportamiento dubitativo del guía, preguntándole si se había perdido, a lo que este contestó afirmativamente: “Cuanto tal oimos, y viendonos por caminos no andaderos, no quiero descir los que dijimos”. La equivocación del guía provocó una discusión entre los dos religiosos, culpando el padre Gaytan al padre Julián del despiste por entretenerlo con oraciones y prédicas, cesando la discusión al comprobar el estado de embriaguez del guía, siendo esta la causa del extravío, por lo que decidieron continuar solos el desconocido camino en la oscuridad de la noche. Al fin llegaron a un lugar desde donde divisaron en lo alto de una cuesta la hoguera de un pastor, “dímosle voces que nos enseñase el camino y el, por no bajar, dijonos <<Por aquí, por aca>>, de suerte que nos tornamos a perder”. No consiguieron regresar al lugar donde estaba el pastor para volver a preguntarle por lo que decidieron buscar “algun cabo abrigado donde estar fasta la mañana”, pero no encontraron ninguno a propósito, por lo que optaron por continuar la marcha a pesar de lo perdidos que se encontraban: “Ni sabiamos si volviamos atrás, ni si ibamos adelante”. Finalmente se encontraron con un hombre, experimentando un gran alivio al sentirse salvados, pero resulto ser el guía que habían despedido, que andaba igualmente perdido. El enfado que cogieron fue tan grande que rechazaron su compañía y continuaron solos, hasta que poco antes de amanecer oyeron los ladridos de unos perros que les indicaron la dirección que debían seguir, relatando de este modo su llegada a nuestra ciudad: “Al cabo de ir muy cansados de andar, tan mal a veces, oimos ruido de perros, y como entendiamos que cierto lo eran, con mas buena atención los oiamos que la mejor musica que en el mundo pudieramos oir. Ansi que, yendonos andando hacia do los perros ladraban, cierto que topamos con las paredes del lugar, y no le veiamos según hacia de oscuro. A la primera casa preguntamos al que estaba durmiendo en su casa, que le debimos despertar a voces, diciendo ¿Cómo se llama el luga? Cuando el respondio que Caravaca, volviosenos el alma al cuerpo, y del trabajo pasado no haciamos ya caudal, aunque no dejabamos de tratar quen cara-vaca nos habia sido. Abrieronnos en una posada, y estuvimos aguardando el dia, que le faltaba poco para venir”.
Como ya queda dicho los referidos frailes se hospedaron en la casa de don Álvaro de Moya, permaneciendo en nuestra ciudad hasta la conclusión de su cometido, regresando a continuación a Beas para darle cumplida información tanto de las negociaciones seguidas como de la buena impresión que les causó nuestra ciudad, sin olvidar, eso si, los inconvenientes del viaje, como la propia Santa Teresa recoge en su libro de las fundaciones: “antes que se vinieron dejaron hechas las escrituras, y se vinieron dejándolas muy contentas; y ellos lo vinieron tanto de ellas y de la tierra, que no acababan de decirlo, también como del mal camino”.

Francisco Fernández García
Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz