El oficio de sacristán

Aprovechando que la Real e Ilustre Cofradía de la Santísima y Vera Cruz de Caravaca de la Cruz ha nombrado “Cofrades del Año” para el 2020 a los sacristanes de la Real Basílica-Santuario, D. Juan Carlos Ortiz y D. Juan Esteban Piernas (a los que damos la enhorabuena por tan merecidísimo reconocimiento), vamos a dedicar el blog de turismo en esta ocasión a conocer un poco más de esta profesión y de estos dos merecidísimos galardonados. Ambos aprendieron el oficio de acólito en la parroquia de El Salvador, primero con don José Barquero Cascales y, posteriormente, con Antonio Martínez Ruiz. Su formación se completó junto a Emilio «de la Lonja» que ejercía altruistamente esta función en el santuario.

Juan Esteban empezó a colaborar en el Santuario de la Vera Cruz en junio de 1994, siendo Hermano Mayor de la Cofradía, Antonio Romera. Durante los primeros años solo atendía los actos religiosos, pero con la celebración del  Año Jubilar de 1996 su dedicación pasó a ser plena.

Juan Carlos se incorporó a la basílica en 2002, siendo Hermano Mayor de la Cofradía de la Vera Cruz, Pedro Guerrero, pocos meses antes del comienzo del primer año jubilar In Perpetuum de 2003 con el fin de reforzar la atención en el santuario y dada su experiencia en la parroquia de El Salvador.

Un poco de historia sobre este oficio

En la antigüedad muchas de las funciones del sacristán fueron realizadas por los ostiarii, posteriormente por los mansionarii y los tesoreros. Los Decretos de Gregorio IX ​ hablan del sacristán como si tuviera una oficina adjunta a la honorable, y afirman que su deber era el de cuidar los vasos, ornamentos y luces sagradas. Hoy en día el sacristán puede ser elegido o designado directamente. El Cæremoniale Episcoporum prescribió que en catedrales y colegiatas, el sacristán debía ser un sacerdote, describiendo sus funciones en lo que respecta a la sacristía, a la eucaristía, a la pila bautismal, los crismas, la decoración de la iglesia, el mantenimiento del orden dentro de la misma, la preparación de las ceremonias, el repique de las campanas de la iglesia, la distribución de los feligreses, y por último, se sugirió que se nombrara a uno o dos canónigos que supervisaran la labor del sacristán y sus asistentes.

Motivos por los que un sacristán es importante en las iglesias

Disponibilidad y servicio

Un sacristán es la persona (laica o religiosa) que asiste al sacerdote en las labores de cuidado y limpieza de la iglesia, la sacristía y de los objetos sagrados que contienen. Es además el encargado de preparar todo lo necesario para la celebración de la misa. A veces le toca hacerle también de monaguillo o de lector.

El sacristán debe conocer los horarios de las misas y da las campanadas a tiempo; procura que estén todas las cosas necesarias acomodadas en su sitio, limpias y listas para usarse, en cantidad suficiente (albas, estolas, casulla, cíngulos, etc.); si falta algo lo consigue o avisa a tiempo para que se prevea (hostias, vino, agua, etc.); sobre todo tiene aseado el presbiterio y presentables el altar y el ambón. Se encarga del ambiente agradable: música ambiental, adorno, aseo, luz, ventilación, temperatura, sonido. Tiene que consultar el calendario litúrgico para ver las características del día (categoría de fiesta, color, tiempo, elementos). Consulta las tablas de precedencias, conoce el calendario y la tabla de fiestas movibles. Prepara las lecturas del día y abre el Leccionario por la página oportuna, etc., etc.

Trabaja cuando los demás descansan

Un sacristán trabaja entre semana, pero también y más los domingos y días festivos. Cuando hay misa él está ahí para ayudar (y a veces hay misas muy temprano -en el santuario a las 8.30 de la mañana-). El sacristán es el primero en llegar al templo por la mañana y es el último en retirarse. Verifica que no quede nadie. Echa un último vistazo para asegurarse de dejar las cosas en orden.

Es paciente y humilde

La mayor virtud del sacristán es la paciencia que ejerce constantemente para tratar con afabilidad a toda la gente, que no siempre es amable ni prudente. También tiene la humildad para realizar todo lo que se necesite. Se acomoda a barrer, a recoger y ordenar las hojitas de misa que deja la gente olvidadas, a apagar y quitar las veladoras gastadas, a sacudir bancas y reclinatorios, etc.

Capacidad de adaptación

Uno de los mayores desafíos de esta ocupación es el trato con los distintos sacerdotes. Para un sacristán es fundamental tener capacidad de adaptación, buena voluntad, y ponerme listo para recordar cómo cada uno prefiere que le ayude. También llega a tener tal compenetración con su párroco, ya que basta que éste le haga un ligero gesto, una mirada, una pequeña inclinación de cabeza, y capta al instante lo que necesita y se apresura a traérselo.

No es solo trabajo

Por otro lado, para los sacristanes una de las cosas más satisfactorias de ese oficio es el trato con la gente. Por lo general, es muy respetuoso y enriquecedor. Conoce uno a toda clase de personas, hace buenas amistades incluso, aprende. Es una oportunidad de crecimiento espiritual.

Fuentes:

https://soydecaravaca.laverdad.es
https://www.aciprensa.com
https://es.wikipedia.org/wiki/Sacrist%C3%A1n
http://www.caminando-con-jesus.org

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