ORIGEN DE LOS ARMAOS

El origen de este singular y simbólico cuerpo de guardia de la Santísima y Vera Cruz de Caravaca se remonta, sin lugar a dudas, a la presencia de la Vera Cruz en la fortaleza de la villa medieval, allá por el siglo XIII. El simple hecho de ubicarse este Lignm Crucis en una tierra fronteriza con los musulmanes de Al-Andalus ya propiciaría, originalmente, un especial sistema de custodia por los propios soldados de la fortaleza, en principio y, hasta su desaparición, por la Orden del Temple y a partir de 1344 por la Orden de Santiago, bajo mandato de su Comendador en Caravaca y, por delegación de éste, del alcaide de la referida fortaleza.

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Sin embargo lo que acentuó más la presencia de gente armada en torno a la Vera Cruz fue sin duda el establecimiento, en el siglo XIV, del ritual del Baño de la Vera Cruz en Agua. Este ritual se realizaba, y realiza, en un arroyo que distaba aproximadamente un kilómetro de la puerta principal de la villa amurallada, lo que implicaba sacar a la Vera Cruz en solemne procesión desde su capilla en la fortaleza hasta el lugar de celebración del referido ritual del baño, en plena huerta. Este hecho conllevaba ciertos riesgos que el alcaide no estaría dispuesto a correr, en su calidad de depositario y custodio de la Reliquia, por lo que ésta, transportada en andas y bajo palio, llevaba una fuerte custodia de gente armada.

Previamente un contingente de hombres a pie y a caballo había inspeccionado los alrededores del lugar, con el fin de evitar una posible emboscada musulmana o de otro estilo que pusiera en peligro a la Vera Cruz y a su acompañamiento.

Precisamente los siglos XIV y XV fueron pródigos en incursiones y correrías de los musulmanes granadinos sobre Caravaca. En 1391 Yusuf II de Granada llegaría a las puertas de la villa de Caravaca, y el año siguiente su hijo Muhammad VI incendiaría la villa, aunque debió retirarse al no poder asaltar la fortaleza siendo derrotado por el Adelantado de Murcia, que había acudido en apoyo de la villa fronteriza, aunque pudo escapar.

El mismo monarca granadino en los años 1404 y 1405 volvió a realizar correrías en la zona, y en 1406 el arraez de Guadix intentaría, si éxito, el asalto a la villa de Caravaca. Esta situación de inseguridad dio pie a que en 1407 el concejo de Murcia enviase 400 ballesteros que habrían de repartirse entre las villas de Lorca, Mula y Caravaca. En 1448 y 1449 Muhammad X El Cojo hizo una nueva incursión , llegando hasta Orihuela y llevándose buen número de cautivos de los distintos lugares, incluyendo Caravaca. Una de las últimas incursiones constatadas tendría lugar en 1477 por Muley Hacen, intentando un nuevo asalto a la fortaleza de Caravaca, siendo la última, en 1485 y en plena guerra con los Reyes Católicos, la del alcaide de Baza.

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El año 1722 Cuenca Fernández-Piñero, al referirse a la Edad Media, publicó que “en aquel desgraciado tiempo que estaban los moros granadinos tan a la puerta, necesitaban los vecinos de esta villa andar a todas horas con las armas en las manos, ya para defender de ellos la villa, ya para seguridad de esta Cruz Santísima.

Sin embargo el ritual del Baño de la Vera Cruz en Agua seguía efectuándose, año tras año, prácticamente sin interrupción. De ello hay constancia el año 1407 y siguientes. En 1480 la Orden de Santiago se refiere, en presente, al “sitio donde vañan la Vera Cruz a surco de una parte de tierra de Juan de Chinchilla e de la otra parte el camino que va a Huescar”. Y el mismo autor referido anteriormente estipula que en la Edad Media la procesión del Baño era más militar que eclesiástica “porque se componía toda ella de una numerosísima compañía de militares con su Capitán, alférez y demás cabos..” Así pues, por todo lo expuesto está clara, justificada y demostrada, la necesidad de escoltar con guardia auténtica a la Sagrada Reliquia en aquellos tiempos de la Baja Edad Media.

En el siglo XVI, tras la reconquista de Granada, la custodia de la Vera Cruz en su salida desde el castillo seguiría a cargo de soldados a las órdenes del alcaide de la fortaleza, nombrado por la Orden de Santiago,   acentuándose sin duda en el último tercio del siglo con la sublevación de los moriscos y guerra de las Alpujarras. Sin embargo, en el siglo XVII, tras la expulsión de los moriscos de España por el rey Felipe III, el peligro interno desaparece pero la necesidad de custodiar a la Vera Cruz en su salida de la fortaleza permanece y más aún con su estancia, en la noche del dos al tres de mayo de cada año, en la nueva iglesia parroquial de El Salvador, ya desde el siglo XVI,   fuera de las murallas de la villa de Caravaca.

Esta circunstancia motivó el hecho de que se creara un cuerpo de guardia específico, que únicamente actuaría cuando la Vera Cruz saliese del recinto amurallado, creándose así   la “Compañía de Guardia de la Santa Cruz”, comprometiéndose en ella los miembros más destacados de la aristocracia caravaqueña, todos ellos miembros de la Cofradía de la Vera Cruz, turnándose en los cargos de Capitán y Alférez de la Compañía. Así lo establecían el 20 de abril de 1655 al acordar que “…será uno a el que le tocare la suerte en rueda Capitán de la Compañía que sale para la guarda y acompañamiento de la Santa Cruz el dicho día tres de mayo de cada un año y su víspera, el qual pueda elegir alférez….”.

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En 1722, el ya referido Cuenca, constatando la época por él vivida (segunda mitad del siglo XVII y buena parte de la primera del XVIII) describe a la Compañía como “hombres armados con su Capitán a trechos en la procesión de guarda de la Santísima Cruz, que va en sus andas bajo palio..”

Este cuerpo de guardia, formado por voluntarios, se mantendría por tales hasta bien entrado el siglo XVIII en que comenzó a decaer y hubo de echarse mano a gentes pagadas, creándose no obstante entre las mismas una especie de “dinastías” o familias entre las que se daba continuidad a la Compañía.

A finales de este siglo y comienzos del XIX era costumbre pagarles un doblón por cabeza, costeado a medias por los Mayordomos de la Cofradía de la Vera Cruz y por el Alférez Mayor del Ayuntamiento de   Caravaca, cuando éste sacaba el Estandarte Real en la Fiestas de la Cruz, dado que a su vez prestaban escolta a dicho estandarte.

En 1803 se decía que ” se acostumbra la ceremonia de los Armados de custodia de vajada estada y subida” y en 1804 queda constancia que también acompañaban a la Vera Cruz en la solemne Misa de Pontifical que desde el siglo XVII se celebra en la Iglesia de El Salvador, narrándose de la siguiente forma: “..hay la costumbre de que asistan haciendo la guardia hombres vestidos de cota de malla con sus espadas y alabardas”. Será también en 1804 cuando se utilice la denominación de “Compañía de Armados”, evolucionando el nombre hasta popularizarse en el dialecto murciano, ya en el siglo XX, como “Los Armaos” o “Compañía de Armaos”, que es como se le conoce y denomina en la actualidad.

En 1846, Madoz los describe ” vestidos a la española antigua, con peto, espaldar y casco adornado de flores contrahechas, formando un frontis de bastante altura”, y en 1856 Marín de Espinosa, al describir las Fiestas de la Cruz, se refiere a ellos como “guerreros con sus correspondientes armaduras a la antigua”. En 1888 Torrecilla de Robles los define como “una escolta de guerreros a estilo de los de la Reconquista”.

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En 1898 Sala Nougarou, en un manuscrito destinado a convertirse en borrador para el Reglamento de la Comisión de Festejos, realiza una descripción considerando su origen como“guardia de honor de la Ssma. Cruz” y calificándolos de “instituto tan antiguo como la Ssma. Cruz de Caravaca” y teniendo entre otras como misión fundamental la de ir “junto al carro [de la Cruz] en las procesiones”. También este autor estipula que “son los mismos todos los años” y que en su época se les pagaba a cada uno cinco pesetas, cubriendo con ello todas sus actuaciones que eran “..día de la bajada de la Cruz, de la Procesión del Baño, y el de la función solemne con la subida de la Cruz”. No obstante también especifica que de las cinco pesetas que se les daba tenían que pagar tres a las Religiosas (¿Carmelitas?) que preparaban las flores de la celada, con lo que a ellos únicamente les quedaba un salario real de dos pesetas.

A comienzos del siglo XX, concretamente el año 1908, se les agregó una función no propia de su origen, desechada en 1998, que fue la de acompañar en las procesiones de la Vera Cruz a la Presidencia de la Cofradía, para lo que se crearon dos nuevas plazas de armados.

También en este siglo la Compañía sufriría transformaciones, tanto en el número de componentes, que tendió en un principio a disminuir, como en el vestuario, si bien en este último aspecto siempre se ha respetado la línea esencial del mismo y los principales componentes.

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En 1998 se hizo una renovación o “refundación” de la Compañía, dotándola de Estatutos y Reglamento, enriqueciendo el vestuario y abriendo el número posible de componentes a un total de ochenta y uno, organizados en seis escuadras, cada una de ellas mandada por un Alférez. Con ello se intentó volver a dignificar este histórico cuerpo que había caído en una más que palpable decadencia, empezando ésta en el momento en que  se dotó de mercenarios.

Constituye, sin duda, junto con el Baño de la Vera Cruz en Agua y su procesión, la tradición caravaqueña vinculada a la Stma. y Vera Cruz con raíces históricas más profundas.

Fuente: http://armaosveracruz.com/origen-de-los-armaos

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ORIGIN OF THE ARMS

The origins of this unique and symbolic body of guard of the Santísima and Vera Cruz de Caravaca, can be traced back to the presence of the Vera Cruz in the fortress of the medieval village, back in the 13th century. The simple fact of placing this Lignm Crucis in a land bordering the Muslims of Al-Andalus and would originally propitiate a special system of custody by the soldiers themselves of the fort, in principle and, until their disappearance, by the Order of the Temple And from 1344 by the Order of Santiago, under command of his Commander in Caravaca and, by delegation of this, the mayor of the said fortress.

However, what most accentuated the presence of armed people around Vera Cruz was undoubtedly the establishment, in the fourteenth century, of the ritual of the Bath of the True Cross in Agua. This ritual was performed, and performed, in a stream that was about a kilometer from the main gate of the walled town, which meant taking the Vera Cruz in solemn procession from its chapel in the fortress to the place of celebration of that ritual Of the bathroom, in the garden. This fact entailed certain risks that the warden would not be willing to run, as custodian and custodian of the Relic, reason why this one, transported in platforms and under pallium, carried a strong custody of armed people.

Previously a contingent of men on foot and on horseback had inspected the surrounding area, in order to avoid a possible Moslem or other ambush that would endanger the Vera Cruz and its accompaniment.

Precisely the fourteenth and fifteenth centuries were prodigal in incursions and raids of the Muslims of Granada on Caravaca. In 1391 Yusuf II of Granada would arrive at the gates of the town of Caravaca, and the following year his son Muhammad VI would ignite the town, although it had to retire when not being able to assault the strength being defeated by the “Adelantado” of Murcia, that had come in support Of the frontier town, although it was able to escape.

The same monarch from Granada in 1404 and 1405 returned to carry out raids in the area, and in 1406 the arraez of Guadix would attempt, if successful, the assault on the town of Caravaca. This situation of insecurity gave way to that in 1407 the council of Murcia sent 400 crossbowmen that were to be divided between the towns of Lorca, Mula and Caravaca. In 1448 and 1449 Muhammad X El Cojo made a new incursion, arriving until Orihuela and taking good number of captives of the different places, including Caravaca. One of the last incursions found would take place in 1477 by Muley Hacen, attempting a new assault on the fortress of Caravaca, the last being in 1485 and in the midst of war with the Catholic Kings, that of the mayor of Baza.

In 1722 Cuenca Fernández-Piñero, when referring to the Middle Ages, published that “in that unfortunate time that the Moors of Granada were at the door, the neighbors of this town needed to walk at all hours with the weapons in their hands, and To defend the village from them, and for the safety of this Most Holy Cross”.

Nevertheless the ritual of the Bath of the True Cross in Water continued practicing, year after year, practically without interruption. Of this there is record the year 1407 and following. In 1480 the Order of Santiago refers, in the present, to the “place where the Vera Cruz crosses a section of land of Juan de Chinchilla and on the other side the road that goes to Huescar”. And the same author mentioned above stipulates that in the Middle Ages the procession of the Bath was more military than ecclesiastical “because it was all composed of a very numerous company of soldiers with their Captain, lieutenant and other corporal.” Thus, for everything Exposed is clear, justified and demonstrated, the need to escort with authentic guard the Sacred Relic in those times of the Late Middle Ages.

In the sixteenth century, after the reconquest of Granada, the custody of the Vera Cruz on its departure from the castle would continue to be carried out by soldiers under the orders of the mayor of the fortress, named by the Order of Santiago, undoubtedly emphasizing in the last Third of the century with the uprising of the Moors and war of the Alpujarras. However, in the seventeenth century, after the expulsion of the Moors from Spain by King Philip III, the internal danger disappears but the need to guard the Vera Cruz on his departure from the fortress remains and still more with his stay, in The night of the two to three of May of each year, in the new parochial church of El Salvador, already from century XVI, outside the walls of the town of Caravaca.

This motivated the creation of a specific body of guard, which would act only when the Vera Cruz left the walled enclosure, creating the “Company of Guard of the Holy Cross”, committing itself in it the most prominent members of the aristocracy Caravaqueña, all members of the Company de la Vera Cruz, taking turns in the positions of Captain and Ensign of the Company. This was established on April 20, 1655, when he agreed that “… he will be one to whom he will touch the fate in wheel Captain of the Company that leaves for the guard and accompaniment of the Holy Cross the said day three of May of each one year And his eve, which may choose Ensign … “.

In 1722, as we said before Cuenca, stating the time lived by him (second half of the seventeenth century and much of the first of the eighteenth) describes the Company as “men armed with their captain to parts in the procession of guardian of the Most Holy Cruz, who goes on his strolls under pallium”.

This body of guard, made up of volunteers, would remain so until well into the eighteenth century that began to decline and had to be paid to paid people, nevertheless creating among them a kind of “dynasties” or families among which The Company was given continuity.

At the end of this century and beginnings of the XIX it was customary to pay them a doubloon by head, half paid by the “Mayordomos” of the company of the True Cross and by the High Lieutenant of the City council of Caravaca, when this one removed the Royal Standard in the Festivities of The Cross, since in turn they lend escort to that standard.

In 1803 it was said that “the ceremony of the Armed Forces of custody of “vajada” stay and rise is accustomed” and in 1804 it is recorded that they also accompanied the Vera Cruz in the solemn Mass of Pontifical that from century XVII is celebrated in the Church of El Salvador, narrating as follows: “… it is customary for men to wear watch in their midst with their swords and halberds.” It will also be in 1804 when the name of “Company of Armed” is used, evolving the name until popularizing itself in the dialect Murcia, already in century XX, like “Armaos” or “Company of Armaos”, that is as it is known to him And denominates today.

In 1846, Madoz describes them “dressed in the old Spanish, with a breastplate, back and helmet adorned with flowers, forming a frontis of quite height”, and in 1856 Marín de Espinosa, when describing the Fiestas de la Cruz, refers to They as “warriors with their corresponding old-fashioned armor.” In 1888 Torrecilla de Robles defines them as “an escort of warriors in the style of the Reconquest”.

In 1898 Sala Nougarou, in a manuscript destined to become draft for the Regulation of the Commission of Celebrations, makes a description considering its origin like “guard of honor of the Stma. Cross “and calling them” an institute as old as the Stma. Cross of Caravaca “and having among others as fundamental mission the one to go” next to the car [of the Cross] in the processions “. This author also stipulates that “they are the same every year” and that in their time they were each paid five pesetas, covering with it all their actions that were “… of the descent of the Cross, of the Procession of Bath, and that of the solemn function with the ascent of the Cross. ” However, it also specifies that of the five pesetas that were given to them they had to pay three to the Sisters (Carmelites?) Who prepared the flowers of the cloak, so that they only had a real salary of two pesetas.

At the beginning of century XX, concretely the year 1908, they were added a function not proper to its origin, discarded in 1998, that was to accompany in the processions of the True Cross to the Presidency of the Brotherhood, for which they were created Two new squares of armed.

Also in this century the Company would undergo transformations, both in the number of components, which initially tended to decrease, as in the wardrobe, although in this last aspect has always been respected the essential line of the same and the Main components.

In 1998, the Company was renovated, providing it with Statutes and Regulations, enriching the costumes and opening up the possible number of components to a total of eighty-one, organized in six squads, each one sent by a Ensign. This was an attempt to restore dignity to this historic body that had fallen into a palpable decay, starting at the time it was equipped with mercenaries.

 It undoubtedly constitutes, along with the Bath of the True Cross in Water and its procession, the caravaqueña tradition linked to the Stma. and Vera Cruz with deeper historical roots.

Source: http://armaosveracruz.com/origen-de-los-armaos.

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