Plaza de Toros de Caravaca de la Cruz

La plaza de toros de Caravaca de la Cruz fue construida en la segunda mitad del s. XIX sobre el monasterio franciscano de Santa María de Gracia. Las obras se realizaron en el tiempo record de tres meses, promovidas por la Sociedad “La Constructora Caravaqueña” y siendo posteriormente inaugurada, el día 28 de septiembre de 1880. Pronto alcanzan renombre los festejos que en ella se programaban, gracias a la intervención de algunos de los toreros más destacados de la época.

            A comienzos del siglo XX varios periodos de cierre terminan por arruinar el edificio, que cierra definitivamente sus puertas a comienzos de los años veinte de ese siglo. En 1925 surge D. Bartolomé García López, quién compra el inmueble y lo reconstruye en su totalidad aportando la novedad de la célebre portada neomudéjar y los dos pisos de palcos, aumentando el aforo a 10.000 localidades. Se inaugura el 4 de octubre de 1926 lidiándose toros del Marqués de Guadalés por Antonio Márquez, Martín Agüero y Cayetano Ordóñez “Niño de la Palma”.

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En 1939 la Plaza es comprada por D. José Meseguer. En los años 40 destacan las intervenciones del torero caravaqueño Pedro Barrera, en especial su célebre mano a mano con “Manolete” en la feria de 1943.

            En 1957 cierra nuevamente sus puertas durante una década hasta que es adquirida por D. Pedro y D. José Vélez y D. Antonio Rabadán, quienes rehabilitan el edificio abriéndolo nuevamente al público el 25 de julio de 1967 con una gran novillada. Diez años más tarde venden la Plaza a la Empresa Jiménez, integrada por familiares del diestro lorquino Pepín Jiménez, quien la mantendrá hasta su cierre en 1981.

 Tras años de  abandono, en 1995 el Ayuntamiento de Caravaca de la Cruz consigue comprar la totalidad de la Plaza, iniciándose entonces unas importantes obras de rehabilitación que no pueden concluirse según el proyecto inicial debido a la falta de financiación. El 12 de julio de 1999 tiene lugar la última inauguración de Plaza de Toros de Caravaca.

 

Lo más característico de esta Plaza es la decoración arquitectónica de su monumental fachada, llena de arcos de herradura y adornos de estuco de lancería. El color rojo del revoco del yeso mezclado con almagra hace que sea inconfundible en la localidad. Tiene un aforo para 3050 espectadores y es de tercera categoría.

Fuentes:

 www.regmurcia.com

 www.tauroweb.es

 

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