Tarde
Vamos a asistir al ritual más antiguo, origen de las fiestas. La mañana, tranquila y pontifical, da paso al movimiento y al gentío en la calle de nuevo, pero sin bullicio. Es todo distinto al transcurrir del día anterior. Resurge el retumbar repetido de tambores y un estilo de lucha, de confrontación, de conmemoración de frontera.
18.00 h. Bandos moro y cristiano y salida de la Reliquia. Desde el Salvador hasta la altura de la cuesta de la Cruz.
Se trata del inicio y primer transcurso de los Bandos, precediendo a la Cruz por las calles antiguas para llegar a la cita del Bañadero. Una anotación preliminar:
se trata del mismo recorrido secular del inicio ritual (desde 1384) para llevar la Cruz a las entonces acequias de agua, fuera de las murallas y en pleno campo.
Hoy las calles antiguas van señalando el camino a seguir.
Otros van directamente a la amplia plaza del Baño para «coger situación».
El desfile, que por única vez precede a la comitiva de la Cruz y transcurre por estos parajes de calles estrechas también en esta sola ocasión, se nos manifiesta en un recorrido distinto a la carrera tradicional de otras procesiones. Hay un cambio de escenografía más histórica y romántica con una luminosidad no muy potente. Es el itinerario fijo desde tiempos medievales.
Este estilo lo ocasiona el fuerte significado histórico fronterizo que imprime la celebración del rito medieval del Baño. Se percibe que no es un desfile de exhibición, sino que es un recorrido impuesto, que se inicia por un motivo y que conduce a una meta con sentido.
20.00 h. Llegada de la Cruz a la cuesta, desde la plaza del Bañadero.
Bajan los grupos compactos con paso uniforme, bandeándose por la pendiente con música a veces trepidante, con aires de un ejército que va a la batalla y ya cercano al escenario para tomar posiciones. Al fondo la plaza, repleta de gente, deja espacio para que los grupos vayan ocupando sus lugares. Los reyes, a caballo en medio de la plaza, se disponen a parlamentar.
Hay expectación ante la inminente llegada de la Cruz y cuando lentamente se atisba en lo alto, un murmullo se deja sentir. En la cima, iluminada en su paso de procesión, domina toda la cuesta. Es el momento de empezar el diálogo de enfrentamiento, cuando ritualmente llega la Cruz a la puesta del sol.