Las Fiestas en honor a la Stma. y Vera Cruz en los años 60 y 70

Las Fiestas Patronales constituyen un simbolo especial y significativo para Caravaca de la Cruz ya que se celebran en honor a la Stma. y Vera Cruz. Fueron declaradas de Interés Turístico Internacional en 2004 y se celebran los días del 1 al 5 de Mayo: Caballos del Vino, Moros y Cristianos y rituales como la Bendición del vino y flores y el baño de la Cruz, como Bendición de las aguas , que se realiza desde el siglo XVI .

En este blog nos centraremos en como se consolidaron los Caballos del Vino como un festejo de tal repercusión para Caravaca, donde los años 60 fueron un punto clave para ello.

HISTORIA DEL 2 DE MAYO

“El día 2 de mayo, a las diez de la mañana, se reúnen en la casa capitular, el ayuntamiento, cofradía y personas notables de la población. El alcalde entrega al hermano mayor de la cofradía un azafate cubierto de flores del tiempo y crucecitas de seda, bordadas en una tela muy fina, poniéndose seguidamente en marcha la comitiva precedida de varios caballos lujosamente enjaezados y con banderas, que conducen concierta cantidad de vino; gigantones, dulzainas y bandas de música, uniéndose en el transito a dichas corporaciones, vicario, hoy arcipreste, con el clero. De este modo se dirigen al Santuario que está en la parte más elevada de la ciudad, y el recinto, como ya hemos dicho, del antiguo alcázar. Dentro ya de la iglesia, penetran en la capilla mayor, el Clero y las corporaciones, y entonces el capellán mayor saca la reliquia del sagrario y la toca en el vino que contiene un magnifico jarrón de plata. A esta ceremonia, en la cual se bendicen además las flores y crucecitas, se le llama Baño del vino”

 

 

 

LOS CABALLOS DEL VINO

Los documentos más antiguos están fechados en 1765, y detallar los gastos del caballo que anualmente preparaba la orden de Santiago, describiendo también su enjaezamiento:
“un repostero de paño azul con su fleco y armas reales que se pone sobre la carga de vino, que sube al castillo para el baño de la Santa Cruz. Una bandera de raso liso encarnado con tres horlas y galon de oro al canto, en que esta figura de raso liso blanco por los dos lados la santísima Cruz para adorno del caballo quando sube dicha carga de vino según costumbre”.

La expresión “Caballo del Vino” era ya usada en 1804.

A finales del siglo XIX los caballos dejaron de trasportar el vino, pero en lugar de desaparecer se consolidaron, popularizándose la participación. Se regularizaron las carreras, anunciándose con los adjetivos “tradicionales” y típicas.

En 1921 se creó el Concurso de Enjaezamiento, estableciéndose 3 premios decididos por un jurado. El primer ganador fue el caballo enjaezado por Dolores Michelena.

Los caballos se enjaezaban con colchas, mantones y prendas similares valorándose el conjunto, especialmente la bandera y demás accesorios, que se renovaban cada año.

A mediados de la década de 1940 se comienzan a confeccionar pieza bordadas para los Caballos del Vino. La primera fue Dolores Michelena; otros caballos siguieron su ejemplo, destacando el Caballo del Hoyo que fue el primero en presentar todas las piezas bordadas.

Los años 60 suponen la consolidación del festejo, generalizándose el uso del pañuelo rojo entre los caravaqueños. En 1967 se creó la figura de la Madrina (posteriormente Amazona) y en 1969 adquirió cierta independencia organizativa al crearse la Subcomisión de los Caballos del Vino, integrada en la Comisión de Festejos. “El Panterry”, el “Caballo de los Arañas” y “El Estudiante” fueron los Caballos más destacados.

 

 

 

En los 1974 surgen la Peñas Caballistas, generalizándose la participación popular y asegurando su mantenimiento económico Las primeras fueron “Pura Sangre” y “Júpiter”, a las que posteriormente se sumaría: “Solterón”,”Soberano”, “Fogoso”, “Terry”,”Mayrena” y “Triana”. En 1977 se creó el Bando de los Caballos del Vino.

 

En 1980 se creó el Concurso de Caballo a Pelo, realizándose por primera vez al año siguiente (1981). Se celebrara en la tarde del día 1 de mayo en la Plaza del Hoyo.

En 2002 se modifico el concurso de Enjaezamiento, dividiéndose sus participantes en 4 bloques, 15 peñas por bloque. Comenzando a utilizarse en la carrera un sistema de cronometraje sofisticados.

En 2011 los Caballos del Vino fueron declarados Bien Cultural Inmaterial por el gobierno de la Región de Murcia y en 2012 se aprobó su candidatura para ser proclamados Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

Fuentes:

Un poco de historia

Torrecilla de Robles y Godínez, 1888

 

LA CASA DE LOS CONDES DE SANTA ANA DE LAS TORRES, ANTES DE QUESADA, (POPULARMENTE CASA DE LA VIRGEN.)

Al final de la calle de Rafael Tejeo se alza imponente la popularmente llamada “Casa de la Virgen”, uno de los edificios más bellos y emblemáticos de la arquitectura civil caravaqueña del barroco. Debe su nombre a la hornacina que custodia la imagen de Nuestra Señora de las Angustias o de las Conquistas, copia de la patrona de Granada, que desde su camarín se asoma benefactora invitando al paseante a rezar una salve concediéndole por ello 80 días de indulgencia.

 

 

La casa, perteneciente al linaje de los Condes de Santa Ana de las Torres, tiene una larga historia y ha ido modificando su fisonomía desde el siglo XVI hasta mediados del siglo XVIII cuando Don Andrés de Quesada Fernández de Córdoba y su esposa Doña Antonia de Robles Miñarro y Tomás de Abellán reformaron en partes muy esenciales la fábrica anterior quedando con el aspecto que hoy podemos contemplar y que afortunadamente apenas ha sufrido variaciones.

 

 

Su fábrica tiene algunas peculiaridades que la diferencian de otras casas de su época no sólo en el conjunto de la región sino dentro de la misma ciudad, algunas deliberadamente buscadas y otras impuestas por la ampliación antedicha; así, frente a la casa típica caravaqueña (donde normalmente el porche murciano se sustituye por zaguán que se abre directamente o a través de una puerta a la escalera imperial) aquí encontramos, un patio rectangular que permite el acceso a las diversas estancias por medio de un sistema doble de escaleras mutuamente enfrentadas: la principal y la llamada escalera del surtidor (bajo cuyo hueco se encuentra la acequia que abastece las necesidades de la casa y riega los huertos) lo que permite por una parte la libre circulación sin encuentros entre la familia y los empleados y, por otra, la comunicación directa del servicio a las habitaciones principales situadas en el primer piso y la subida de esquimos a las falsas donde se guardaba el grano, evitando polvo y suciedades en las habitaciones destinadas a vivienda.

La fachada a base de ladrillo es una de las pocas que conserva el verdugado y tiene magnifica rejería rococó. En cuanto al nicho o camarín de la Virgen es, tanto por dentro como por fuera, una de las piezas de factura más delicada de la región. Sus cristales se tasaron en 116 reales y en 200 los faroles grandes que daban luz a la imagen; amén de otros diez que distribuidos por la fachada ardían continuamente. La imagen propiamente dicha se tasó en 640 reales y es copia de la patrona de Granada. Desconocemos su autor aunque sabemos que el constructor de la casa tenía cuenta con el escultor Francisco Fernández Caro, no sabemos si para la ejecución de ésta imagen o de alguna para la capilla de la casa-cortijo de Las Peñicas.

 

En lo alto del hueco de la escalera están representadas las armas del linaje. En esta época ya no era frecuente la colocación de escudos en la fachada pero era una constante su colocación en el interior -como podemos ver en otras casas de Caravaca- ya fuesen de escayola policromada (como en la contigua de los San Mamés, casa de los Melgares de Segura, casa de doña María Girón, etc. ), en reposteros (casa de los condes de Reparaz) o, como en este caso, en pintura mural que afortunadamente se ha conservado y queda como la única muestra de tantos otros escudos caravaqueños que han desaparecido bajo la pintura en sucesivas restauraciones(2).

Para entender el porqué del establecimiento de los Quesada en Caravaca hay que explicar que en esta familia recae, por ausencia de descendencia masculina, el mayorazgo de los Moya, antiguos hidalgos de Beas de Segura que se establecieron en Caravaca como alcaides del Castillo y Fortaleza, nombrados por los marqueses de los Vélez, casa a la cual estaban estrechamente vinculados. Dicho cargo fue desempeñado ininterrumpidamente por caballeros de este apellido de forma cuasi hereditaria durante más de 200 años.

Los alcaides eran nombrados por el Rey a través del Comendador. Entre otras prerrogativas y obligaciones adscritas estaban la defensa y custodia del Castillo y de la Santísima Cruz con su relicario, haciéndose cargo de que estuviera en buena guarda con toda la reverencia y veneración posibles, no permitiendo que saliese la reliquia de su lugar más que en casos muy forzosos o en los casos estipulados de las fiestas y procesiones, obligándose a no innovar cosa alguna, así como a la guarda y tenencia de una de las tres llaves del sagrario.

Fuente: De la Peña Velasco, Concepción. “El Retablo Barroco en la Antigua Diócesis de Cartagena”. Universidad de Murcia, 1992. Pag. 295.

Teatro Thuillier ¿Cómo se creó? / Theatre Thuillier How was it created?

Introducción al blog

El teatro thuillier es un lugar singular y significativo para Caravaca de la Cruz, sin embargo es probable que no sepamos con certeza sus origenes y su trayectoría. En este blog podremos encontrar los antecedentes históricos. Está disponible en español y en inglés.

Introduction to the Blog

The Theatre Thuillier is a singular and significant place for Caravaca, however it is probable that we do not know for sure their origins. In this blog we can find the historical antecedents. It is available in English and Spanish.

Teatro decimonónico en Caravaca de la Cruz

El gusto por el teatro de los caravaqueños es proverbial y viene desde la antigüedad, prueba de ello es que al menos desde 1581, está documentado, que el Corpus se celebraba con representaciones teatrales religiosas; teatro de calle que se mantendría durante todo el siglo XVII.  Algo más tarde, en torno a 1656, sabemos de la existencia de una ermita dedicada a N.S. del Buen Suceso y ligado a ella, un patio de comedias cuya recaudación le quedaba destinada.

Además del Patio de Comedias del Buen Suceso, a partir del siglo XVIII se representaban piezas en la Plaza Mayor, siempre con motivo de algún suceso importante vinculado a la población.  En Caravaca actuaron cómicos de Murcia y compañías de farsantes o comedias, en 1769, 1797 y 1771. Pero hasta  mediados del siglo XIX no se construye un teatro moderno acorde con la importancia de Caravaca. Se encomendaron sus obras a Alejandro López y los decorados pictóricos al sardo Enrique D’Almont que además asumió su dirección. El edificio se dio oficialmente por terminado el 3 de mayo de 1847 inaugurándose con una obra de teatro esa misma noche.  La inversión superó los 60.000 reales. Un cuarto de siglo después hubo que reparar el desgastado mobiliario y se repuso la decoración. Fue el momento en el que el Ayuntamiento decidió ceder el local de manera gratuita a las compañías de aficionados.

El Diario de Murcia no precisa qué compañía era la que actuaba en Caravaca allá por 1881 con motivo de las fiestas de la Cruz.  Sabemos que en octubre actuaba en la localidad la compañía dirigida por Ricardo Simo, que procedía de Águilas. Pero al año siguiente fue una compañía de zarzuela que estaba actuando en Cartagena con gran éxito la que visitó la población. Era su principal protagonista el tenor cómico murciano Pablo López. En el verano de 1889 el teatro local vio en su escena la zarzuela “Clotilde” del autor Abelardo Rodríguez y música del pianista Nogueras que, a decir del comentarista de prensa, “estuvo animada y graciosa”.

Dos acontecimientos teatrales tuvieron lugar en 1892. En marzo se representaba en Los Royos el clásico de Zorrilla “Don Juan Tenorio”, curiosamente fuera de temporada y meses después pasaba por Caravaca la compañía infantil de zarzuela del colegio cartagenero Progreso y Porvenir de la Infancia, que actuaba bajo la dirección de Vicente Fuster.

En muchas localidades había algún grupo de teatro compuesto por aficionados; también en Caravaca y en 1893 pusieron en escena dos obras en la noche del día del Corpus: “La cruz del matrimonio” y “El loco de la buhardilla”. Algunos de sus componentes eran: “Encarnación Calzada, señora Torrecilla, señores López Melgares, Pérez Miravete, etc”. La función se clausuró con la actuación de un sexteto dirigido por Alfonso García de Murcia.

Las ordenanzas municipales dedicaron varios artículos al comportamiento cívico de los ciudadanos en el teatro, en 1895. El objetivo era lograr que un sector de público demasiado vehemente guardara la compostura precisa durante las representaciones. En cuanto a las actuaciones, aquel mismo año volvió una compañía de zarzuela ya conocida en Caravaca que, bajo la dirección de Pablo López, andaba de gira por Cartagena, Almería y Albacete, todo un auténtico lujo.

thuillier antiguo

Escenario del Teatro Thuillier 1906

La Compañía Gorgé y Grajales ponía en escena con motivo de los festejos de la feria de septiembre en 1898, dos zarzuelas. El año había comenzado con una función a beneficio de la asociación procesionista de los blancos a cargo de una compañía local de aficionados dirigida por Vicente de la Torre. La siguiente referencia hallada es de tres años después, es decir, de 1901 y el momento, las fiestas de la Cruz, pero el precio excesivo de las entradas provocó, al parecer, un fracaso de público; otro tanto le sucedió a la compañía de zarzuela que en octubre visitó la localidad. Pero en 1902 fue una compañía cómica la que pisó escenario en Caravaca con Espantaleón al frente. También se representaron obras de teatro en el Salón Novedades, desde 1909 y en el Salón Teatro del Casino, en 1911.

La compañía de Emilio Thuillier

La compañía dramática del malagueño Emilio Thuillier Marin visitó Caravaca en 1903 y alcanzó tal éxito que se decidió poner su nombre al teatro.  Por cierto, el cuarto teatro data de 1926 y se trata del Gran Teatro Cinema que, como su nombre indica, nació más orientado al séptimo arte que a las representaciones escénicas.  A pesar de ello, para todo se empleaba y prueba de ello es que la Compañía de zarzuela Galván-Andreu, de reconocido prestigio en la Región, visitó Caravaca en octubre de 1905 y cosechó en ella un nuevo éxito.  En la feria de 1910 pasarían por el teatro una docena de obras diferentes, destacando las de los hermanos Álvarez Quintero. En 1914 triunfó en el Teatro Thuillier  la Compañía de zarzuela dirigida por Pascual Gregori y Mateo J. Nogueras.

emilio thuillier

Dando un considerable salto en el tiempo, cabe mencionar que en 1925 se celebró una función benéfica a beneficio de la Santa Cruz.  La Compañía era de aficionados locales y pusieron en escena una comedia de los hermanos Álvarez Quintero titulada “Doña Clarines” además del juguete cómico “Lola, Lolilla, Lolita y Lolo”. Actuaron Julia y Pepita Martínez Carrasco, José Melgares Alfonso, Carmen Celdrán y Andrés Piqueras y las hermanas Bolt, entre otros. Meses después, los caravaqueños disfrutaban con la comedia de los hermanos Álvarez Quintero titulada “El genio alegre”.  Benizar dispuso del Teatro de la Infancia desde 1926. En cuanto a obras y autores, reseñar la existencia de un monólogo dramático escrito en 1918 por J. José Ibáñez, titulado “La hija del emigrante”.

Su última remodelación, a cargo de los arquitectos Joaquín y Manuel Sainz de Vicuña, tiene lugar en 1986. El aforo del teatro es de 428 plazas. Actualmente en él se llevan a cabo proyecciones cinematográficas, obras de teatro, actuaciones locales, entre otras actividades culturales. Se encuentra en la Calle Teatro de Caravaca de la Cruz.

teatro thuillier 1 thuillier 4

Fuentes:

http://www.regmurcia.com

www.murciaturistica.es

INFORMATION IN ENGLISH

The origin of Theater in Caravaca

Emilio Thuillier

Nineteenth-century theatre in Caravaca de la Cruz

A taste for the caravaqueños Theatre is essential and comes from old, proof of this is that since at least 1581, it is documented, that Corpus Christi is celebrated with religious drama; Street Theatre that would continue throughout the 17th century. Somewhat later, in lathe to 1656, know of the existence of a chapel dedicated to our Lady of Buen Suceso and linked to it, a patio of comedies whose collection was intended.

In addition, to the Patio of comedies of the Buen Suceso, from the 18th century parts represented in the Plaza Mayor, always on the occasion of some important event related to the population. In Caravaca acted comedians of Murcia and companies fakers or comedies, in 1769, 1797 and 1771. But a modern theatre in keeping with the importance of Caravaca is not built until the mid-nineteenth century. Deeds is entrusted to Alejandro López and the pictorial decorations to the Sardinian Enrique D do Almont which also took over its management. The building was officially completed on 3 May 1847, inaugurating it with a play that night. The investment surpassed the 60,000 reals. A quarter century later had to repair the worn furniture and decoration, is returned. It was the moment in which the Council decided to give the local free amateur companies.

The journal of Murcia does not require what company was it acted in Caravaca in 1881 on the occasion of the celebrations of the cross. We know that the company directed by Ricardo Simo, who came from Eagles it acted in the town in October. But the following year it was a company of zarzuela which was acting in Cartagena with great success which visited the population. It was the main protagonist murcian comic tenor Pablo López. In the summer of 1889 the local theatre saw his scene “Clotilde” zarzuela de Abelardo Rodríguez author and music of pianist Nogueras, say press commentator, “was lively and funny”.

Two theatrical events took place in 1892. In March the Zorrilla classic is represented in the Royos “Don Juan Tenorio”, curiously out of season and months later passed by Caravaca the child company of zarzuela Cartagena School progress and future of childhood, acting under the direction Vicente Fuster.

In many towns had some group of theatre made up of amateurs; also in Caravaca and in 1893 put in scene two works on the night of the day of the Corpus: “The double cross” and “Crazy from the attic”. Some of its components were: “Encarnación Calzada, Lady turret, Lords López Melgares, Perez Miravete, etc”. The function is closed with a performance by a sextet led by Alfonso García de Murcia.

Municipal ordinances devoted several articles to civic behaviour of the citizens Theatre, in 1895. The objective was to achieve that a too vehement public sector kept the precise composure during performances. As for the performances, that same year returned a company of zarzuela already known in Caravaca which, under the direction of Pablo López, walking tour of Cartagena, Almeria and Albacete, a real luxury.

Stage of the Teatro Thuillier 1906

The company Gorge and Grajales put in scene on the occasion of the celebration of the fair in September in 1898, two operettas. The year had begun with a function to the benefit of the Association procesionista of whites by a local amateur company directed by Vicente de la Torre. The following reference found is three years later, i.e. in 1901 and the time, the festivities of the cross, but the excessive price of tickets, apparently caused a failure of public; the same happened to the company of Operetta who visited the town in October. But in 1902 was a comic company that stepped on stage in Caravaca with Espantaleon in front. Also plays were represented in the news room, since 1909 and at the Teatro Casino lounge, in 1911.

The company of Emilio Thuillier

Malaga’s Emilio Thuillier Marin dramatic company visited Caravaca in 1903 and reached such a success that it was decided to put his name to the theatre. Indeed, the fourth Theatre dates back to 1926 and it’s Grand Theatre Cinema, which, as its name suggests, was born more oriented to the seventh art that plays. Despite this, for everything is used and proof of this is that the company of zarzuela Galvan-Andreu, of recognized prestige in the Region, visited Caravaca in October 1905 and reaped new

Success in it. At the fair of 1910 they would by theater a dozen different works, highlighting the Álvarez Quintero brothers. In 1914 he won the Thuillier Theatre directed by Pascual Gregori and Mateo J. Nogueras zarzuela company.

Making a considerable leap in time, it is worth mentioning that in 1925 a charity function held for the benefit of the Holy Cross. The company was of local fans and put in scene the Álvarez Quintero Brothers Comedy titled “Doña Clarines” in addition to the comical toy “Lola, Lolilla, Lolita and Lolo”. They played Julia and Pepita Martinez Carrasco, José Melgares Alfonso, Carmen Celdrán and Andrés spouts and the Bolt sisters, among others. Months later, the caravaqueños enjoyed the Álvarez Quintero Brothers Comedy titled “The happy genius”. Benizar had the children’s Theatre since 1926. In terms of works and authors, mentioning the existence of a dramatic monologue written in 1918 by J. José Ibáñez, entitled “The daughter of the emigrant”.

Its last remodel, by architects Joaquín and Manuel Sainz de Vicuña, takes place in 1986. The capacity of the theatre is 428 seats. Currently, cinematographic projections, plays, local performances, among other cultural activities are carried out.

It is located in the street which name is Teatro of Caravaca de la Cruz.

 

 

ORIGEN DE LOS ARMAOS

El origen de este singular y simbólico cuerpo de guardia de la Santísima y Vera Cruz de Caravaca se remonta, sin lugar a dudas, a la presencia de la Vera Cruz en la fortaleza de la villa medieval, allá por el siglo XIII. El simple hecho de ubicarse este Lignm Crucis en una tierra fronteriza con los musulmanes de Al-Andalus ya propiciaría, originalmente, un especial sistema de custodia por los propios soldados de la fortaleza, en principio y, hasta su desaparición, por la Orden del Temple y a partir de 1344 por la Orden de Santiago, bajo mandato de su Comendador en Caravaca y, por delegación de éste, del alcaide de la referida fortaleza.

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Sin embargo lo que acentuó más la presencia de gente armada en torno a la Vera Cruz fue sin duda el establecimiento, en el siglo XIV, del ritual del Baño de la Vera Cruz en Agua. Este ritual se realizaba, y realiza, en un arroyo que distaba aproximadamente un kilómetro de la puerta principal de la villa amurallada, lo que implicaba sacar a la Vera Cruz en solemne procesión desde su capilla en la fortaleza hasta el lugar de celebración del referido ritual del baño, en plena huerta. Este hecho conllevaba ciertos riesgos que el alcaide no estaría dispuesto a correr, en su calidad de depositario y custodio de la Reliquia, por lo que ésta, transportada en andas y bajo palio, llevaba una fuerte custodia de gente armada.

Previamente un contingente de hombres a pie y a caballo había inspeccionado los alrededores del lugar, con el fin de evitar una posible emboscada musulmana o de otro estilo que pusiera en peligro a la Vera Cruz y a su acompañamiento.

Precisamente los siglos XIV y XV fueron pródigos en incursiones y correrías de los musulmanes granadinos sobre Caravaca. En 1391 Yusuf II de Granada llegaría a las puertas de la villa de Caravaca, y el año siguiente su hijo Muhammad VI incendiaría la villa, aunque debió retirarse al no poder asaltar la fortaleza siendo derrotado por el Adelantado de Murcia, que había acudido en apoyo de la villa fronteriza, aunque pudo escapar.

El mismo monarca granadino en los años 1404 y 1405 volvió a realizar correrías en la zona, y en 1406 el arraez de Guadix intentaría, si éxito, el asalto a la villa de Caravaca. Esta situación de inseguridad dio pie a que en 1407 el concejo de Murcia enviase 400 ballesteros que habrían de repartirse entre las villas de Lorca, Mula y Caravaca. En 1448 y 1449 Muhammad X El Cojo hizo una nueva incursión , llegando hasta Orihuela y llevándose buen número de cautivos de los distintos lugares, incluyendo Caravaca. Una de las últimas incursiones constatadas tendría lugar en 1477 por Muley Hacen, intentando un nuevo asalto a la fortaleza de Caravaca, siendo la última, en 1485 y en plena guerra con los Reyes Católicos, la del alcaide de Baza.

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El año 1722 Cuenca Fernández-Piñero, al referirse a la Edad Media, publicó que “en aquel desgraciado tiempo que estaban los moros granadinos tan a la puerta, necesitaban los vecinos de esta villa andar a todas horas con las armas en las manos, ya para defender de ellos la villa, ya para seguridad de esta Cruz Santísima.

Sin embargo el ritual del Baño de la Vera Cruz en Agua seguía efectuándose, año tras año, prácticamente sin interrupción. De ello hay constancia el año 1407 y siguientes. En 1480 la Orden de Santiago se refiere, en presente, al “sitio donde vañan la Vera Cruz a surco de una parte de tierra de Juan de Chinchilla e de la otra parte el camino que va a Huescar”. Y el mismo autor referido anteriormente estipula que en la Edad Media la procesión del Baño era más militar que eclesiástica “porque se componía toda ella de una numerosísima compañía de militares con su Capitán, alférez y demás cabos..” Así pues, por todo lo expuesto está clara, justificada y demostrada, la necesidad de escoltar con guardia auténtica a la Sagrada Reliquia en aquellos tiempos de la Baja Edad Media.

En el siglo XVI, tras la reconquista de Granada, la custodia de la Vera Cruz en su salida desde el castillo seguiría a cargo de soldados a las órdenes del alcaide de la fortaleza, nombrado por la Orden de Santiago,   acentuándose sin duda en el último tercio del siglo con la sublevación de los moriscos y guerra de las Alpujarras. Sin embargo, en el siglo XVII, tras la expulsión de los moriscos de España por el rey Felipe III, el peligro interno desaparece pero la necesidad de custodiar a la Vera Cruz en su salida de la fortaleza permanece y más aún con su estancia, en la noche del dos al tres de mayo de cada año, en la nueva iglesia parroquial de El Salvador, ya desde el siglo XVI,   fuera de las murallas de la villa de Caravaca.

Esta circunstancia motivó el hecho de que se creara un cuerpo de guardia específico, que únicamente actuaría cuando la Vera Cruz saliese del recinto amurallado, creándose así   la “Compañía de Guardia de la Santa Cruz”, comprometiéndose en ella los miembros más destacados de la aristocracia caravaqueña, todos ellos miembros de la Cofradía de la Vera Cruz, turnándose en los cargos de Capitán y Alférez de la Compañía. Así lo establecían el 20 de abril de 1655 al acordar que “…será uno a el que le tocare la suerte en rueda Capitán de la Compañía que sale para la guarda y acompañamiento de la Santa Cruz el dicho día tres de mayo de cada un año y su víspera, el qual pueda elegir alférez….”.

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En 1722, el ya referido Cuenca, constatando la época por él vivida (segunda mitad del siglo XVII y buena parte de la primera del XVIII) describe a la Compañía como “hombres armados con su Capitán a trechos en la procesión de guarda de la Santísima Cruz, que va en sus andas bajo palio..”

Este cuerpo de guardia, formado por voluntarios, se mantendría por tales hasta bien entrado el siglo XVIII en que comenzó a decaer y hubo de echarse mano a gentes pagadas, creándose no obstante entre las mismas una especie de “dinastías” o familias entre las que se daba continuidad a la Compañía.

A finales de este siglo y comienzos del XIX era costumbre pagarles un doblón por cabeza, costeado a medias por los Mayordomos de la Cofradía de la Vera Cruz y por el Alférez Mayor del Ayuntamiento de   Caravaca, cuando éste sacaba el Estandarte Real en la Fiestas de la Cruz, dado que a su vez prestaban escolta a dicho estandarte.

En 1803 se decía que ” se acostumbra la ceremonia de los Armados de custodia de vajada estada y subida” y en 1804 queda constancia que también acompañaban a la Vera Cruz en la solemne Misa de Pontifical que desde el siglo XVII se celebra en la Iglesia de El Salvador, narrándose de la siguiente forma: “..hay la costumbre de que asistan haciendo la guardia hombres vestidos de cota de malla con sus espadas y alabardas”. Será también en 1804 cuando se utilice la denominación de “Compañía de Armados”, evolucionando el nombre hasta popularizarse en el dialecto murciano, ya en el siglo XX, como “Los Armaos” o “Compañía de Armaos”, que es como se le conoce y denomina en la actualidad.

En 1846, Madoz los describe ” vestidos a la española antigua, con peto, espaldar y casco adornado de flores contrahechas, formando un frontis de bastante altura”, y en 1856 Marín de Espinosa, al describir las Fiestas de la Cruz, se refiere a ellos como “guerreros con sus correspondientes armaduras a la antigua”. En 1888 Torrecilla de Robles los define como “una escolta de guerreros a estilo de los de la Reconquista”.

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En 1898 Sala Nougarou, en un manuscrito destinado a convertirse en borrador para el Reglamento de la Comisión de Festejos, realiza una descripción considerando su origen como“guardia de honor de la Ssma. Cruz” y calificándolos de “instituto tan antiguo como la Ssma. Cruz de Caravaca” y teniendo entre otras como misión fundamental la de ir “junto al carro [de la Cruz] en las procesiones”. También este autor estipula que “son los mismos todos los años” y que en su época se les pagaba a cada uno cinco pesetas, cubriendo con ello todas sus actuaciones que eran “..día de la bajada de la Cruz, de la Procesión del Baño, y el de la función solemne con la subida de la Cruz”. No obstante también especifica que de las cinco pesetas que se les daba tenían que pagar tres a las Religiosas (¿Carmelitas?) que preparaban las flores de la celada, con lo que a ellos únicamente les quedaba un salario real de dos pesetas.

A comienzos del siglo XX, concretamente el año 1908, se les agregó una función no propia de su origen, desechada en 1998, que fue la de acompañar en las procesiones de la Vera Cruz a la Presidencia de la Cofradía, para lo que se crearon dos nuevas plazas de armados.

También en este siglo la Compañía sufriría transformaciones, tanto en el número de componentes, que tendió en un principio a disminuir, como en el vestuario, si bien en este último aspecto siempre se ha respetado la línea esencial del mismo y los principales componentes.

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En 1998 se hizo una renovación o “refundación” de la Compañía, dotándola de Estatutos y Reglamento, enriqueciendo el vestuario y abriendo el número posible de componentes a un total de ochenta y uno, organizados en seis escuadras, cada una de ellas mandada por un Alférez. Con ello se intentó volver a dignificar este histórico cuerpo que había caído en una más que palpable decadencia, empezando ésta en el momento en que  se dotó de mercenarios.

Constituye, sin duda, junto con el Baño de la Vera Cruz en Agua y su procesión, la tradición caravaqueña vinculada a la Stma. y Vera Cruz con raíces históricas más profundas.

Fuente: http://armaosveracruz.com/origen-de-los-armaos

IF YOU PREFER THE INFORMATION IN ENGLISH:

ORIGIN OF THE ARMS

The origins of this unique and symbolic body of guard of the Santísima and Vera Cruz de Caravaca, can be traced back to the presence of the Vera Cruz in the fortress of the medieval village, back in the 13th century. The simple fact of placing this Lignm Crucis in a land bordering the Muslims of Al-Andalus and would originally propitiate a special system of custody by the soldiers themselves of the fort, in principle and, until their disappearance, by the Order of the Temple And from 1344 by the Order of Santiago, under command of his Commander in Caravaca and, by delegation of this, the mayor of the said fortress.

However, what most accentuated the presence of armed people around Vera Cruz was undoubtedly the establishment, in the fourteenth century, of the ritual of the Bath of the True Cross in Agua. This ritual was performed, and performed, in a stream that was about a kilometer from the main gate of the walled town, which meant taking the Vera Cruz in solemn procession from its chapel in the fortress to the place of celebration of that ritual Of the bathroom, in the garden. This fact entailed certain risks that the warden would not be willing to run, as custodian and custodian of the Relic, reason why this one, transported in platforms and under pallium, carried a strong custody of armed people.

Previously a contingent of men on foot and on horseback had inspected the surrounding area, in order to avoid a possible Moslem or other ambush that would endanger the Vera Cruz and its accompaniment.

Precisely the fourteenth and fifteenth centuries were prodigal in incursions and raids of the Muslims of Granada on Caravaca. In 1391 Yusuf II of Granada would arrive at the gates of the town of Caravaca, and the following year his son Muhammad VI would ignite the town, although it had to retire when not being able to assault the strength being defeated by the “Adelantado” of Murcia, that had come in support Of the frontier town, although it was able to escape.

The same monarch from Granada in 1404 and 1405 returned to carry out raids in the area, and in 1406 the arraez of Guadix would attempt, if successful, the assault on the town of Caravaca. This situation of insecurity gave way to that in 1407 the council of Murcia sent 400 crossbowmen that were to be divided between the towns of Lorca, Mula and Caravaca. In 1448 and 1449 Muhammad X El Cojo made a new incursion, arriving until Orihuela and taking good number of captives of the different places, including Caravaca. One of the last incursions found would take place in 1477 by Muley Hacen, attempting a new assault on the fortress of Caravaca, the last being in 1485 and in the midst of war with the Catholic Kings, that of the mayor of Baza.

In 1722 Cuenca Fernández-Piñero, when referring to the Middle Ages, published that “in that unfortunate time that the Moors of Granada were at the door, the neighbors of this town needed to walk at all hours with the weapons in their hands, and To defend the village from them, and for the safety of this Most Holy Cross”.

Nevertheless the ritual of the Bath of the True Cross in Water continued practicing, year after year, practically without interruption. Of this there is record the year 1407 and following. In 1480 the Order of Santiago refers, in the present, to the “place where the Vera Cruz crosses a section of land of Juan de Chinchilla and on the other side the road that goes to Huescar”. And the same author mentioned above stipulates that in the Middle Ages the procession of the Bath was more military than ecclesiastical “because it was all composed of a very numerous company of soldiers with their Captain, lieutenant and other corporal.” Thus, for everything Exposed is clear, justified and demonstrated, the need to escort with authentic guard the Sacred Relic in those times of the Late Middle Ages.

In the sixteenth century, after the reconquest of Granada, the custody of the Vera Cruz on its departure from the castle would continue to be carried out by soldiers under the orders of the mayor of the fortress, named by the Order of Santiago, undoubtedly emphasizing in the last Third of the century with the uprising of the Moors and war of the Alpujarras. However, in the seventeenth century, after the expulsion of the Moors from Spain by King Philip III, the internal danger disappears but the need to guard the Vera Cruz on his departure from the fortress remains and still more with his stay, in The night of the two to three of May of each year, in the new parochial church of El Salvador, already from century XVI, outside the walls of the town of Caravaca.

This motivated the creation of a specific body of guard, which would act only when the Vera Cruz left the walled enclosure, creating the “Company of Guard of the Holy Cross”, committing itself in it the most prominent members of the aristocracy Caravaqueña, all members of the Company de la Vera Cruz, taking turns in the positions of Captain and Ensign of the Company. This was established on April 20, 1655, when he agreed that “… he will be one to whom he will touch the fate in wheel Captain of the Company that leaves for the guard and accompaniment of the Holy Cross the said day three of May of each one year And his eve, which may choose Ensign … “.

In 1722, as we said before Cuenca, stating the time lived by him (second half of the seventeenth century and much of the first of the eighteenth) describes the Company as “men armed with their captain to parts in the procession of guardian of the Most Holy Cruz, who goes on his strolls under pallium”.

This body of guard, made up of volunteers, would remain so until well into the eighteenth century that began to decline and had to be paid to paid people, nevertheless creating among them a kind of “dynasties” or families among which The Company was given continuity.

At the end of this century and beginnings of the XIX it was customary to pay them a doubloon by head, half paid by the “Mayordomos” of the company of the True Cross and by the High Lieutenant of the City council of Caravaca, when this one removed the Royal Standard in the Festivities of The Cross, since in turn they lend escort to that standard.

In 1803 it was said that “the ceremony of the Armed Forces of custody of “vajada” stay and rise is accustomed” and in 1804 it is recorded that they also accompanied the Vera Cruz in the solemn Mass of Pontifical that from century XVII is celebrated in the Church of El Salvador, narrating as follows: “… it is customary for men to wear watch in their midst with their swords and halberds.” It will also be in 1804 when the name of “Company of Armed” is used, evolving the name until popularizing itself in the dialect Murcia, already in century XX, like “Armaos” or “Company of Armaos”, that is as it is known to him And denominates today.

In 1846, Madoz describes them “dressed in the old Spanish, with a breastplate, back and helmet adorned with flowers, forming a frontis of quite height”, and in 1856 Marín de Espinosa, when describing the Fiestas de la Cruz, refers to They as “warriors with their corresponding old-fashioned armor.” In 1888 Torrecilla de Robles defines them as “an escort of warriors in the style of the Reconquest”.

In 1898 Sala Nougarou, in a manuscript destined to become draft for the Regulation of the Commission of Celebrations, makes a description considering its origin like “guard of honor of the Stma. Cross “and calling them” an institute as old as the Stma. Cross of Caravaca “and having among others as fundamental mission the one to go” next to the car [of the Cross] in the processions “. This author also stipulates that “they are the same every year” and that in their time they were each paid five pesetas, covering with it all their actions that were “… of the descent of the Cross, of the Procession of Bath, and that of the solemn function with the ascent of the Cross. ” However, it also specifies that of the five pesetas that were given to them they had to pay three to the Sisters (Carmelites?) Who prepared the flowers of the cloak, so that they only had a real salary of two pesetas.

At the beginning of century XX, concretely the year 1908, they were added a function not proper to its origin, discarded in 1998, that was to accompany in the processions of the True Cross to the Presidency of the Brotherhood, for which they were created Two new squares of armed.

Also in this century the Company would undergo transformations, both in the number of components, which initially tended to decrease, as in the wardrobe, although in this last aspect has always been respected the essential line of the same and the Main components.

In 1998, the Company was renovated, providing it with Statutes and Regulations, enriching the costumes and opening up the possible number of components to a total of eighty-one, organized in six squads, each one sent by a Ensign. This was an attempt to restore dignity to this historic body that had fallen into a palpable decay, starting at the time it was equipped with mercenaries.

 It undoubtedly constitutes, along with the Bath of the True Cross in Water and its procession, the caravaqueña tradition linked to the Stma. and Vera Cruz with deeper historical roots.

Source: http://armaosveracruz.com/origen-de-los-armaos.

La Vuelta. 10ª etapa: Caravaca de la Cruz. Año Jubilar 2017 – El Pozo Alimentación

La Vuelta Ciclista a España que arrancó el 19 de agosto en Nimes y finalizará el 10 de septiembre en Madrid, pasará por la Región de Murcia los próximos días 29 y 30 de agosto.

Vuelta españa. Imagen para Mupi

La prueba congregará a más de 200 ciclistas de los principales equipos a nivel internacional, y será retransmitida en directo por TVE y Teledeporte, con una cobertura internacional en más de 150 países.

El día 29 de agosto comienza la 10ª etapa de la Vuelta Ciclista a España en Caravaca de la Cruz, coincidiendo con el Año Jubilar que se celebra en la ciudad este mismo año. Esta etapa contempla un trazado de 171 kilómetros y partiendo desde Caravaca, recorrerá Sierra Espuña y finalizará en Alhama de Murcia.

El día 30 la Vuelta saldrá desde Lorca, para concluir en Calar Alto, provincia de Almería.

10ª Etpa Vuelta Ciclista España. Carava-El Pozo, Alhama de Murcia

A continuación, aparecen detallados los horarios del comienzo de esta 10ª etapa en Caravaca de la Cruz y el recorrido de la misma:

  • Concentración y firma: Avda. de la Constitución de 12:14 h a 12:59 h.
  • Llamada: a las 13:01 h.
  • Salida neutralizada: a las 13:06 h.
  • Recorrido: Avda. de la Constitución, C/Cruz Prolongación, Avda. Gran Vía, C/Maruja Garrido, Avda. Ctra. De Granada, Pasa a ser la RM 715. Pasa a ser la RM 730 dirección Lorca. cruce izda. dirección Lorca RM 711.
  • Total distancia recorrido neutralizado: 7,5 kilómetros.

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No os perdáis este gran acontecimiento que se va a celebrar en Caravaca de la Cruz en su Año Jubilar 2017.

“El Templete” una pieza clave para la historia de la Vera Cruz de Caravaca

El Templete está entre los monumentos más emblemáticos de Caravaca de la Cruz debido a sus características y al alto nivel simbólico para los actos religiosos relacionados con la Stma. Cruz de Caravaca. Se trata de un edificio del siglo XVIII de estilo barroco y de planta hexagonal inscrita en una circunferencia. Su construcción se inició en 1762, sobre el solar de la capilla anterior, y concluyó en 1801. Es obra del arquitecto murciano José López.

En su estructura se distinguen en su construcción cuatro cuerpos: el podium, en el que se apoya el edificio y del que sobresalen los pilares, el cuerpo principal que cierra el espacio y configura el monumento, la cúpula sobre tambor cubierta de teja árabe, y, por último, la linterna dotada de seis vanos.

templete

En él se recogen las aguas de las Fuentes del Marqués dando lugar a un importante ritual religioso el 3 de mayo de cada año. El rito procede del año 1384 cuando se pidió agua bendita para sofocar la plaga de langosta que solaba los campos de Lorca, Totana y Murcia. A lo largo de los años lo convertiría como un acto y tradición de gran contendio simbólico: el defile de todas las kábilas y grupos festeros, la llegada de la Cruz al bañadero y el rito de baño representan el acto central de las fiestas.

blog tempplete

 

Se encuentra en un lugar muy representativo de la ciudad como es la Glorieta, ubicado en la C/Corredera y siendo una de las calles más importantes del conjunto artístico. Se encuentra junto a la Plaza San Juan donde  alberga en su parte central el monumento a San Juan de la Cruz. No podría éste estar ubicado en otro lugar, sino aquí, a escasos metros de la Iglesia – Convento de los Padres Carmelitas, fundada por el Santo, y de la casa en la que éste vivió durante sus estancias en la ciudad.

 

 

glorieta

 

 

san juan

 

 

 

En este video se puede ver el baño de la cruz y la bendición de las aguas en el Templete, uno de los importantes rituales relacionados con la Stma. Cruz en este monumento.

 

Fuentes:

“Ciudad Monumental conjunto artístico”Pedro Ballester Lorca. Edición: Ayuntamiento de Caravaca de la cruz

Páginas web consultadas: www.regmurcia.com

 

 

La historia de la Cruz de Caravaca

La legendaria historia de la Cruz de Caravaca tiene su origen en el pueblo de Caravaca de la Cruz – municipio español situado a unos 63 Km de Murcia-, y en ella se mezcla la historia oficial con numerosas leyendas de la tradición local que le confieren a la vez, un caracter mágico y religioso.

Etimología

El nombre oficial con el que se denomina a la Reliquia en los documentos es el de ‘Vera Cruz’, nombre bien significativo relacionado con el Temple, pues en donde hubo templarios aparece frecuentemente el título de Vera Cruz.

Desde la Edad Media se la conoce con este nombre específico: la Vera Cruz de Caravaca, es decir, la verdadera cruz.

Se trata de un “lignum crucis”. Un fragmento de la verdadera cruz en la que Jesucristo fue crucificado. El título, juntamente con el de Santa, solamente se aplicaba al leño de Jerusalén, encontrado en el siglo IV por el emperador romano Constantino o por su madre Santa Elena.

Forma y dimensiones

La Cruz de Caravaca es una cruz de las que se denominan patriarcales, compuestas de un pie y dos travesaños paralelos y desiguales que forman cuatro brazos.

Se conserva en un relicario con forma de cruz de doble brazo horizontal, (de 7 y 10 cms) y de 17 cms de alto con la apariencia  de un pectoral grande. Según la tradición perteneció al patriarca Roberto de Jerusalén, primer obispo de la ciudad santa tras ser conquistada a los musulmanes en la Primera Gran Cruzada (1099).

Ciento treinta años más tarde (1229), en la sexta cruzada, un obispo, sucesor de Roberto en el patriarcado, tenía posesión de la reliquia. Dos años después la cruz estaba milagrosamente en Caravaca.

Santuario de la Vera Cruz en Caravaca

La historia oficial

La aparición de la Cruz en Caravaca ocurre en la época de la instauración de la nueva frontera de Castilla-León frente a la Granada musulmana, con la incorporación del reino taifa de Murcia a la soberanía cristiana. La aparición de la cruz en Caravaca inspiró al nacimiento de las órdenes militares para luchar por la reconquista.

Los cristianos que llegaban a esta tierra se sentían como ¨tocados y cobijados¨ por una fuerza sagrada.

De ahí que muchos liberados del cautiverio acudieran a depositar sus cadenas, como exvotos, a la pequeña capilla interior de la fortaleza, en donde custodiaba la Cruz la Orden militar encargada del Castillo.

La orden militar de los Templarios fue la primera que custodió y defendió el castillo y la Cruz, después de unos años de posesión directa por las tropas castellanas.

Hay dos teorías sobre la fecha de su venida. La primera afirma que fue en 1244, al someterse todo el territorio murciano al vasallaje cristiano.

La segunda afirma que fue en 1265-1266, al acabar la sublevación mudéjar del territorio murciano ya castellano. El Temple venía con las huestes de Jaime I de Aragón que ayudó a su yerno Alfonso el Sabio a someter la rebeldía. El rey Aragonés, educado por la Orden y amigo de ella, le otorgó casa y huerto en Murcia. Después, el rey Alfonso le donó el territorio caravaqueño.

El Temple estuvo en Caravaca alrededor de 46 años. Desaparecido el Temple, la baylía de Caravaca fue dada por Alfonso XI a los santiaguistas (1344), que ocupaban ya la frontera oriental y parte de la central frente a Granada. La Orden permaneció aquí hasta la abolición de todas las Ordenes en 1868.

Ya desde época muy temprana hay un reconocimiento oficial por parte de la Iglesia hacia la Cruz de Caravaca. El Padre Cuenca, en su historia sobre la Santísima Cruz (escrita en 1722), afirma que apenas ha habido algún Pontífice que no haya concedido alguna gracia o indulgencia a la Cruz.

Podemos citar, entre otros, la bula del Papa Clemente VII (1392). Así mismo podemos enumerar el decreto de Clemente VIII (1597), el de Paulo V (1606), las bulas de los Papas Alejandro VIII (1690) y Clemente XI (1705). En 1736 se concede a la Cruz el culto de latría. Léon XIII, en el 4 de diciembre de 1893, ratifica los mismos privilegios de los siglos XV y XVII.

La leyenda de la aparición según la tradicion local

Según la tradición, la Vera Cruz se apareció en el Castillo-Alcázar de Caravaca el 3 de mayo de 1232 y allí se venera desde el siglo XIII cuando tuvieron lugar las primeras peregrinaciones que continuarían a lo largo de los siglos.

Por aquellas fechas  reinaba Fernando III el Santo en Castilla y León, y de Jaime I en Aragón. El reino taifa de Murcia estaba regido por el famoso Ibn-Hud, que se reveló contra los almohades y dominó gran parte de Al-Andalus. Es, pues, en pleno territorio y dominación musulmana, cuando se narra el hecho.

Según la tradición local más popularizada se cuenta que desde finales de 1230 ó principios de 1231, se encontraba el rey almohade de Valencia y Murcia, Ceyt-Abu-Ceyt, en sus posesiones de Caravaca. Interrogó a los cristianos que tenía prisioneros para conocer los oficios que ejercían, con el fin de ocuparles en consonancia con sus habilidades. Se hallaba entre ellos el sacerdote Ginés Pérez Chirinos quien, en labores de misionero, había llegado desde Cuenca a tierras sarracenas para predicar el Evangelio. Éste contestó que su oficio era el de decir la misa, y el rey moro quiso conocer cómo era tal cosa. Se mandaron traer los correspondientes ornamentos desde Cuenca y el 3 de mayo de 1232, en la sala noble de la fortaleza, el sacerdote comenzó la liturgia. Mas, al poco de iniciarla, hubo de detenerse explicando que le era imposible continuar pues faltaba en el altar un elemento imprescindible: un crucifijo.

En ese momento, por una ventana de la estancia, dos ángeles descendieron desde el cielo y depositaron delicadamente una cruz de doble brazo en el altar. El sacerdote pudo entonces continuar con la celebración de la misa y, ante tal maravilla, Abu-Ceyt (junto con los miembros presentes de su Corte) se convirtió al cristianismo. Después se comprobó que la cruz aparecida era el pectoral del obispo Roberto, primer patriarca de Jerusalén, confeccionado con la madera de la Cruz donde muríó Jesucristo.

Los documentos originales sobre el milagro han desaparecido. Existe el testimonio de Fray gil de Zamora, Francisco, cronista de San Fernando, a quien acompañó, sin duda, en la visita que el
santo rey hizo a la villa de Caravaca. Durante su estancia en allí, pudo Fray Gil conversar con los testigos oculares de la aparición y oir de sus labios la narración de lo acontecido. Existe otro testimonio de D. Antonio de Oncala canónigo de Avila, que murió en 1558, también relata la historia de la aparición de la cruz de Caravaca. Todos los relatos coinciden en lo esencial.

En cuanto al reinado de Zey Abucey  apuntar que existían varios reyezuelos- o sayid- musulmanes en distintos reinos, unos de esos era el sayid Zey Abucey, que al convertirse tomó el nombre de Vicente Bellvis.  Según la historia, los almohades -Abucey era uno de ellos-, entraron en la península hacia el 1171 y fueron reconquistando los antiguos reinos de taifas. En este contexto podemos entender que Zey Abucey era señor de Valencia y de Caravaca y que en la Taifa de Murcia estuviese otro reyezuelo musulman posiblemente Ben-Hud.

La Santa Cruz a lo largo de la historia

Once años después de la supuesta aparición de la Santa Cruz, el reino murciano pasó al vasallaje del rey castellano (1243-1244).

Alhamar-al-nasrí del reino de Granada habia sabido aprovechar la muerte de Ben´Hud taifa de Murcia para amenazar al nuevo taifa murciano. Este recurrió al vasallaje de Fernando II, rey de Castilla y León. Así, en 1243, el infante Alfonso (futuro Alfonso X) vino a Murcia y tomó posesión del territorio. De este modo Caravaca pasó a ser un fuerte bastión cristiano en la línea del territorio interior. Caravaca se constituye en cabecera militar y religiosa de la Comarca y de las tierras fronterizas. La Cruz contribuye de una manera decisiva a dar identidad a estos territorios y se erige en un centro de irradiación de luz espiritual. De este modo la Vera Cruz marca este espacio fronterizo.

Tiempo después tras la unificación de España y el descubrimiento de nuevas tierras, la Santa Cruz de Caravaca, continuó siendo signo de la fe que inspiró el avance del Evangelio. A Caravaca vinieron numerosas Ordenes religiosas: san Juan de la Cruz y santa Teresa de Jesús fundaron respectivos conventos, existentes actualmente. También se instalaron aquí los Jerónimos, franciscanos y jesuitas.  Muchos misioneros eran residentes de Caravaca o pasaron por aquí en camino a las misiones en diversas partes del mundo, con lo que la devoción a la Cruz creció rápidamente, abarcando los confines de un Imperio donde no se ponía el sol.

Repercusión mundial de la reliquia

Desde California a la tierra de Fuego es conocida la Cruz de Caravaca. Su conocimiento llega hasta Filipinas, porque en 1668 misioneros españoles llevaron reproducciones a petición de los cristianos existentes allí. En Europa fueron los jesuitas sobre todo los que extendieron su conocimiento: no olvidemos que en Caravaca fundaron un colegio con noviciado. En Polonia existe una reproducción de la Cruz en el museo de la Universidad de Cracovia y otra en la catedral de Gniezno. Hacia 1600 comienza su extensión por Alemania: existe un trabajo fotográfico donde se recogen las distintas imágenes de la Cruz en distintas iglesias de la región de Hohenzollern. En Francia existe también algún libro sobre la Cruz, editado en Lyon (en 1653) y varia reproducciones en la región de Limoges. En los Países Bajos (Bruselas) también es conocida. Desde Roma piden cruces en 1606. También es conocida en Inglaterra, en donde hay muchas reproducciones y escritos sobre la misma.

Peregrinaciones y jubileos

El antiguo carácter peregrinante de la Cruz se formalizó con la concesión de Jubileos especiales concedidos a los visitantes de la Santa Cruz. Ya en 1583 y 1621 se conceden Jubileos para la fiesta de la Cruz. En 1768 hay también dos breves de Clemente XIII, que a los ruegos de la Cofradía de la Cruz, otorga varios privilegios para las principales fiestas referente a la Cruz que se celebran en Caravaca. Destacan los concedidos a los que visiten el Santuario el 3 en mayo (festividad principal) con indulgencia plenaria para los que allí oren por la paz entre los príncipes cristianos.

La Cruz de Caravaca en la Epoca Contemporánea

Debido a la invasión napoleónica, la Cruz fue trasladada desde el castillo a la parroquia del Salvador y allí fue ocultada en una caja enterrada para evitar la rapiña de los franceses. Aquí estuvo desde 1809 hasta quizás 1818, ya que el Castillo fue fortificado para uso militar y la iglesia ocupada en estos menesteres. En el Salvador se celebraría cada año el “Baño del Vino” con la Reliquia. Se evitó el robo de la Cruz durante la estancia de las tropas francesas en Caravaca, pero no el de la custodia, regalo del marqués de los Vélez, la cual fue recuperada después. Durante todo el siglo XIX y principios del XX se estructuran definitivamente todos los rituales de la Cruz y las formas de las celebraciones de mayo en su honor, que es el armazón de las fiestas conmemorativas actuales.

El robo de la Cruz en 1934

El hecho más lamentable de toda la historia de la Cruz y de Caravaca fue el acaecido en la noche-madrugada del día doce al trece de febrero de 1934. Fue un robo sacrílego de carácter político-religioso que dejó consternada a la ciudad durante algunos años. Era el miércoles de ceniza cuando, por la mañana, se descubrió el sagrario abierto y vacío sin la Reliquia, habiendo dejado los ladrones la caja-estuche del siglo XIV en donde se guardaba la Cruz. A las 9 del día trece corrió la noticia y la tensión suscitada fue enorme. Las diligencias y pesquisas judiciales y policiales no dieron resultado positivo.

Después de la guerra del 1936-39, las dependencias del Castillo fueron usadas como cárcel de presos políticos hasta el 1941, quedando posteriormente todo el recinto en estado de abandono, cerrado y sin culto religioso.

El nuevo “Lignum crucis”

Se suscitó un deseo grande de conseguir una nueva reliquia. Las gestiones dieron como resultado que el papa Pío XII concediese a Caravaca dos pequeñas astillas del “lignum crucis” que Santa Elena, madre del emperador Constantino, trajo de Jerusalén a Roma en la primera mitad del siglo IV.

En los días siguientes se improvisaron las fiestas (interrumpidas durante 7 años, con la reanudación del Baño del Agua en el Templete-Bañadero de las afueras de la ciudad. La Reliquia permaneció durante tres años en la Parroquia del Salvador, ya que el Santuario permanecía en estado de deterioro. Fue en el cinco de mayo del 1945, cuando la Cruz se subió a su templo del Castillo, custodiada ya por la Orden de frailes claretianos.

La tradición de regalar cruces de Caravaca

El regalo de la imagen de la Cruz de Caravaca, es una costumbre generalizada en Caravaca para diferentes ocasiones pero sobre todo en el momento de declaración sentimental. Se tiene constancia por una carta de Santa Teresa de Avila a la madre María de S. José, que la santa recibió una Cruz de Caravaca en 1576 como regalo de sus monjas de aquí  (Cruz que actualmente se encuentra en el convento de Carmelitas Descalzas de Bruselas, Bélgica).

La Cruz de Caravaca como amuleto

La Cruz de Caravaca tiene un infinito poder de protección y buenos augurios. El significado esotérico de la Cruz es el cruce del espíritu (línea vertical) y el plano material (linea horizontal), dando como resultado el hombre, que es un ser que se mueve en el plano material con opción de ascender o descender espiritualmente. Es usada en distintos rituales esotéricos pues es un amuleto sumamente eficaz, otorga protección contra todo tipo de males, protege al hogar y a sus habitantes, rechaza las malas energías y los daños, protege la economía familiar y brinda prosperidad.

Caravaca consigue el Año Jubilar in perpetuum

En 1998 Caravaca fue depositaria de una gracia solemne: la Bula de Concesión del Año Jubilar in perpetuum. Tres motivos justificaron esta concesión: La presencia durante 768 años de la Vera Cruz en Caravaca, el hecho de que la Reliquia sea un símbolo de la muerte y redención de Cristo, y que su conocimiento haya transcendido a gran parte del Occidente. Con esta concesión, Caravaca de la Cruz obtuvo la misma consideración religiosa que otras ciudades claves en el cristianismo, poseedoras de las mismas prebendas religiosas, como son: Roma, Jerusalén, Santo Toribio de Liébana (Potes) y Santiago de Compostela.

Fuentes:

www.caravaca.org/

www.caravacadelacruz.org/

www.corazones.org

www.estudioscruzdecaravaca.es

 

MONASTERIO DE SANTA CLARA (II)

Arquitectura

La iglesia

La iglesia es de pequeñas dimensiones en estilo barroco, utilizándose los materiales tradicionales como son la sillería para las zonas nobles, ladrillo y mampostería.

Tiene planta de cruz latina, cuyas medidas máximas son 25 x 11,60 m.; con sólo dos capillas laterales abiertas a la única nave central, cubiertas con bóvedas de cañón sobre lunetos.

El crucero cuenta con una bóveda vaída; a los pies de la iglesia se encuentra el coro en planta alta, con celosías propias de su uso conventual.

Coro

Cuenta con la singularidad de que corresponde a la zona del ingreso la parte más antigua de la edificación, basada en la antigua ermita de San Bartolomé, desarrollándose a la inversa que en la mayoría de los casos hacia la cabecera, que, además, se eleva sobre el arco formado sobre la calle del Mercado, solución para conseguir mayores dimensiones, que resultó conflictiva en su momento.

Al interior de la iglesia se accede a través de una cancela de cuarterones del siglo XVIII. La decoración es sencilla con algunos relieves en fábrica de yesería.

La portada

La portada, como zona principal, aunque sencilla, se encuentra realizada en piedra, dispuesta en dos cuerpos, rematada por frontón triangular partido con cruz flanqueada por pirámides con acabado en esferas. Las decoraciones adicionales no llegaron a ejecutarse, por ello se ven los dos guardapolvos sobre espacios vacíos, donde debían colocarse los escudos o blasones.

La espadaña

Retranqueada en los tejados entre la iglesia y el convento se puede observar la discreta espadaña con dos campanas.

El convento

Se trata de una vivienda señorial transformada a lo largo del tiempo en clausura femenina. Parte de la misma se dispone en torno a un patio convertido en umbrío y pequeño claustro abierto de dos plantas, al que le falta la arcada de la medianera con la iglesia; está realizado en ladrillo visto, que actualmente se ven repintados en color almagra.

Cuenta el patio con el suelo original de grandes losas de piedra. En el deambulatorio de la planta baja aún se conserva una serie de pilas de gran tamaño, también en piedra, adosadas entre sí, donde todavía las religiosas realizan parte de sus tareas domésticas.

La construcción es laberíntica con distintos desniveles y poco reglada, habiendo zonas de dos plantas y otras de tres, quizás su espacio más monumental, dentro de la sobriedad que caracteriza los interiores de la orden franciscana femenina, sea la escalera principal con cubierta de bóveda vaída y sencilla rocalla decorativa barroca, en la que se disponen pequeños nichos para la exposición de algunos de los Niños Jesús que componen la espléndida colección de estas religiosas.

Torreta

En la crujía sureste se eleva una torreta de dimensiones considerables, totalmente acristalada y con magníficas vistas a toda la villa de Caravaca, quizás para suplir la falta de un claustro en condiciones para el esparcimiento y solaz natural de las religiosas, ya que por estar rodeadas de vecindad la utilización de otros espacios al aire libre las hacía vulnerables a su intimidad como monjas de clausura. También existe una torre sobre el claustro angulada con la iglesia a la altura del coro.

Bodega

Recientemente han descubierto una bodega, cuya escalera de acceso se encontraba tabicada desde una sala almacén de la planta baja del claustro. En ella se pueden ver ocho grandes tinajas, cinco de ellas empotradas aún en el suelo hasta casi media altura.

El resto de la construcción está prácticamente con los materiales y elementos de su construcción a lo largo de siglos, que aunque modestos nos dan clara idea de antiguos sistemas constructivos.

Obras

Como bienes muebles incluidos dentro del conjunto, destacamos los siguientes:

El retablo mayor

En el elevado presbiterio, para salvar la altura del arco-túnel sobre el que se encuentra edificado, el actual retablo mayor, de época barroca, procede de la cercana iglesia de la Soledad, que a su vez lo había recibido del desaparecido convento de los franciscanos en la misma localidad, ya que el original de esta iglesia fue destruido en el año 1936; las adecuaciones realizadas sobre el presbiterio en los años setenta, han resultado poco adecuadas en la zona del zócalo, acoplando un almohadillado de piedra.

Retablo de San Antonio y retablo de San Francisco

Las dos capillas laterales, dedicadas a San Francisco, lado derecho o de la Epístola, y a San Antonio, lado izquierdo o del Evangelio, cuentan con retablos barrocos de buena factura, del siglo XVII (según observaciones de José Antonio Melgares sobre el color del hábito de los franciscanos que aquí aparece gris, cambiando en el siglo XVIII al tradicional marrón franciscano).

Otros retablos e imágenes

En el brazo izquierdo del crucero se encuentra el coro bajo, con su reja, y sobre ésta un nicho, donde antes se ubicaba la desaparecida imagen de la Virgen de las Angustias, que actualmente ocupa una imagen de Santa Clara (José Hernández, 1993). Al otro crucero lo decora un retablo barroco (siglo XVII) con estípites, donde se encuentra la imagen de la Virgen de la Amargura, es interesante la decoración de la predela con mitras y hojarascas, lo que denota ser donación de un obispo, según José Antonio Melgares podría tratarse del Obispo Trejo, que se encontraba en Caravaca en 1624.

También hay en la iglesia una imagen de San José con el Niño, talla realizada en madera policromada, del siglo XX, cuyo autor es José Sánchez Lozano; un San Nicolás y un San Francisco Javier, del siglo XX, ambas imágenes de los talleres de Olot.

Púlpito y tornavoz, sillería y caja de órgano

Se conserva así mismo el púlpito y tornavoz, en yesería policromada y dorada, de finales del siglo XVIII. El coro conserva una modesta pero completa sillería en pino. Junto al coro, en el lado de la Epístola, se puede ver una bonita caja de órgano, posiblemente de bien entrado el siglo XVIII, que por desgracia ha perdido toda la maquinaria.

Santa Clara

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Santa Clara

Talla realizada en madera policromada. Tamaño menor que el natural. Alrededor de 1,50 m. de altura.

Se trata de la representación de la fundadora de la Orden de Santa Clara.

Está colocada de frente, sobre una roca. Bajo el hábito asoman los pies descalzos, símbolo de pobreza y de humildad. Viste el hábito de la Orden, de color marrón oscuro, siendo la zona próxima al cuello de color blanco.

Es una escultura de composición cerrada. Los brazos se juntan al tronco del cuerpo sosteniendo el instrumento para la liturgia.

La túnica es un virtuosismo de pliegues, creando un juego de luces y sombras. Por el contrario, el rostro de la Santa resulta demasiado moderno. Las carnaciones son muy claras. No obstante es un buen ejemplo de la imagineria de nuestro tiempo.

Sigue la iconografía actual de la hagiografía franciscana. Tal como señala don José Antonio Melgares, fue bendecida el 3 de agosto de 1993.

Observaciones:

Esta obra fue realizada por encargo de la comunidad clarisa de Caravaca de la Cruz al escultor murciano José Hernández Cano con motivo de la conmemoración del VIII Centenario de la fundadora en 1993.

Santa Clara es la fundadora en el siglo XIII de la segunda Orden de San Francisco.

Nombre: Santa Clara

Objeto: Escultura

Autor: José Hernández Cano

Fecha: Siglo XX. 1993

Ubicación: Iglesia de Santa Clara Caravaca de la Cruz

San Nicolás

 

san nicolas

San Nicolás

Imagen industrial. Talleres de Olot. Tamaño menor que el natural.

Se trata de la representación del milagro que se le atribuyó a san Nicolás de resucitar a tres niños pequeños que habían sido decapitados por un carnicero para servirlos de alimento.

La figura del Santo se encuentra en la hornacina central del retablo donde se ubica. Se alza sobre un pedestal de madera con forma hexágono, en el cual hay una cartela con su nombre.

San Nicolás se encuentra colocado de frente, volviendo ligeramente la cabeza hacia la derecha. A sus pies, en el centro, el barril con los tres niños frutos del milagro.

Está ataviado con la indumentaria propia de obispo, con cetro y mitra. Los niños están desnudos, pero el barril les sirve para ocultar, de cintura para abajo, sus pequeños cuerpos.

Observaciones:

San Nicolás es, por tanto, el patrón de los muchachos, cuya fiesta se celebra el 6 de diciembre.

Obispo de Meyra en Licia, en el siglo IV.

En tiempos del emperador Diocleciano fue sometido al tormento, confesando su fe (303). Asistió al Concilio de Nicea en el año 325 de nuestra era. Sus reliquias fueron llevadas a Bari en el siglo XI, en torno a 1087.

Nombre: San Nicolás

Objeto: Escultura

Autor: Desconocido

Fecha: Siglo XX

Ubicación: Iglesia de Santa Clara Caravaca de la Cruz

San José

san jose con el niño

San José con el Niño

Talla en madera policromada. Tamaño menor que el natural.

Se trata de la figura de San José, el cual lleva en sus brazos al Niño Jesús.

San José está colocado de frente, en actitud de caminar. La pierna derecha está más adelantada que la izquierda. Los pies están ataviados con sandalias de época. La escultura se halla sobre una pequeña roca, que indica lo sinuoso de los caminos antiguos.

Viste San José con túnica de color verde oliva, decorada con motivos vegetales en dorado. Un manto que cae desde el hombro derecho deja ver toda una serie de pliegues volumétricos desde la cintura hacia los pies. Dicho manto es de color marrón, decorado con motivos vegetales en dorado, haciendo juego con el diseño de la túnica.

La figura de San José se gira a la altura de la cintura hacia el lado izquierdo, dejando un hueco en el regazo derecho para la imagen del Niño. Éste está vestido con una túnica de color dorado, recogida en la cintura por un cordón en tono rojizo. Con la mano izquierda sostiene una bola azul, el mundo, y con la derecha bendice.

Observaciones:

El conocido escultor don José Sánchez Lozano es el imaginero del siglo XX que más se ha inscrito en la tradición barroca.

La labor de Roque López, después de la muerte de Francisco Salzillo, vuelve a continuarse en nuestro siglo por escultores como el que nos ocupa y Clemente Cantos.

Nombre: San José con el Niño

Objeto: Escultura

Autor: José Sánchez Lozano

San Francisco Javier

 

san francisco javier

San Francisco de Asís

Imagen de los talleres de Olot (Cataluña). Tamaño algo mayor del natural.

Se trata de la escultura de San Francisco de Asís con los estigmas.

Está ataviado con hábito de color marrón oscuro, muy sencillo. En el lado derecho se simula un roto que permite ver la estigma de la llaga del costado.

Está colocado en el nicho central del retablo, en la calle principal de éste. Se posiciona al Santo de frente, descalzo, con la pierna derecha más avanzada que la izquierda, y sobre una pequeña roca. Por debajo del hábito asoman los pies desnudos, símbolo de pobreza y humildad.

Es una escultura de composición cerrada. Los brazos están completamente pegados al cuerpo. El brazo izquierdo está más elevado que el izquierdo y lo dobla tocándose el pecho con la mano abierta, en la que vemos la señal del estigma. Bajo el brazo, entre la mano y el pecho, se encuentra el crucifijo. Éste está sujeto con la mano derecha, en la cual también se ve la señal del estigma.

La cabeza se levanta hacia arriba, al mismo tiempo que sus ojos se pierden en el infinito cielo. Es un rostro dramático, con la boca entreabierta.

Observaciones:

El retablo donde se ubica dicha escultura es de la primera mitad del siglo XVII.

Nombre: San Francisco Javier

Objeto: Escultura

Autor: Desconocido

Fecha: Siglo XX

Ubicación: Iglesia de Santa Clara Caravaca de la Cruz

Retablo S. Francisco

retablo de san francisco

Retablo de San Francisco

Realizado en madera. Las técnicas que se han empleado son: La talla, el torneado, ensamblaje, policromía y dorado.

El retablo se divide en tres calles verticales, la central de mayor anchura que las laterales, flanqueadas de dos pares de columnas en tono rosáceo.

Las tres calles se abren albergando nichos con esculturas. En el nicho de la izquierda se encuentra la escultura de Olot de san Nicolás de Bari. En el de la derecha está San Luis. El nicho central, de mayor envergadura que los laterales, recoge la figura de San Francisco mostrando los estigmas y el crucifijo.

Lo más importante de este retablo son las pinturas de la predela. Sobre un fondo de paisaje, el autor dotó de gran profundidad el escenario en que se desarrolla la escena. En ella se representan las figuras de San Cristóbal portando al Niño en sus hombros, San Bernardino de Siena, en actitud de leer un libro que lleva abierto en sus manos, San Juan Capistrano, legado pontificio en 1456, y un joven mancebo que apoya su mano derecha sobre una espada.

Observaciones:

Tiene gran valor desde el punto de vista de la historia del arte.

Las imágenes que componían el retablo en su origen, fueron destruidas durante la Guerra Civil Española de 1936 al 1939, suceso muy común en toda la geografía española.

Nombre: Retablo de san Francisco

Objeto: Retablo

Autor: Desconocido

Fecha: Primera mitad del siglo XVII

Ubicación: Iglesia de Santa Clara Caravaca de la Cruz

Retablo Mayor o de la Purísima

 

retablo mayor

Retablo mayor o de la Purísima

Retablo realizado en madera. Probablemente obra de José Sáez. Se ha empleado las técnicas de la talla, el ensamblaje y el dorado.

Se trata de un retablo barroco, con decoración de hojarasca y rocalla típica del “rococó”.

Está dividido en tres calles verticales, separadas por columnas. En las tres calles un nicho, con una imagen respectivamente. El nicho central exhibe la imagen de la Purísima o Inmaculada Concepción. En el nicho de la izquierda la escultura de San José y el Niño. En el de la derecha un santo franciscano.

En el segundo cuerpo del retablo, el emblema franciscano, y en el tercer cuerpo, en los relieves de las calles laterales, la defensa del dogma de la Inmaculada. Ocupando el espacio central la escultura de bulto del arcángel san Miguel.

El zócalo esta muy transformado por las reformas que se hicieron en la década de los años setenta de nuestro siglo.

Observaciones:

El retablo que nos ocupa se hizo a fines del siglo XVIII para la iglesia del convento de san Francisco en Caravaca de la Cruz. Después pasó a la iglesia de la Soledad y desde allí se trasladó después de la Guerra Civil, en 1940, hasta la iglesia de Santa Clara. El objetivo era sustituir al retablo mayor de dicha iglesia, obra del maestro Blas Sáez de principios del siglo XVIII, pero que con la guerra había sido destruido.

Nombre: Retablo Mayor o de la Purísima

Objeto: Retablo
Autor: Desconocido Fecha: Finales del siglo XVIII
Ubicación: Iglesia de Santa Clara

MONASTERIO DE SANTA CLARA ( I )

El Monasterio de Santa Clara de Caravaca de la Cruz se encuentra situado en la calle de las Monjas, que es una de las más transitadas al ser vía obligada de paso entre varios y populosos barrios y el centro urbano. La fundación del monasterio se hizo, pues, en un lugar privilegiado.

     La obra es del siglo XVII, época de austeridad en las construcciones monacales. Su construcción dio comienzo el 27 de septiembre de 1609 a expensas del fundador Ginés de Perea, vecino de Caravaca y Notario del Tribunal de la Inquisición en el Reino de Murcia.

     De lo más destacado del monasterio mencionaremos la fachada del mismo, de sillería del siglo XVII con puerta claveteada de 1876. Por lo demás, se caracteriza por la austeridad propia de un convento de clausura. Algunos de sus libros se conservan en el Archivo Parroquial de El Salvador.

Titularidad: Clarisas.
Grado de protección: 1.
Estilo: Barroco.
Periodo: ss. XVII-XVIII.

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Historia y Personajes

Fundación

Tras algunos avatares, la licencia definitiva de fundación del monasterio de Santa Clara en Caravaca es otorgada por Felipe II el 7 de mayo de 1586, a petición del Ayuntamiento de esta ciudad y gracias a la donación a la Orden de Dña. Catalina de Robles de 1.500 ducados.

En 1609 D. Ginés de Perea hace un legado testamentario a la misma Orden, en el que se incluía su propia vivienda, lugar que pasará a ser el primitivo convento y que va a condicionar la historia del inmueble, pues nunca se construirá un edificio específico de carácter conventual para solucionar algunos problemas de espacio e intimidad de las religiosas; se consiguieron algunas cesiones de terrenos lindantes y otros se fueron adquiriendo, realizándose obras de adecuación para su uso en los años siguientes por el arquitecto valenciano Damián Plá, pero la disposición de su ubicación limitada por estrechas calles y en pleno centro de la villa han hecho de este inmueble un edificio de escasa fachada.

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Avatares de la construcción

     Al estar el edificio colindante con la modesta y antigua ermita de San Bartolomé, ésta servirá para las necesidades de culto de las religiosas, hasta que hacia el año 1700 las clarisas acometen la tarea de realizar una nueva iglesia más espaciosa y digna que la pequeña ermita; para este proyecto recurren a uno de los maestros de arquitectura que en aquellos momentos trabaja en las obras de los Jesuitas de la misma localidad, el lorquino Manuel Serrano, que se compromete a seguir el modelo de portada del Convento de San Antonio de Murcia “con torre y fachada de sillería, la parte baja de piedra dura y el resto de piedra franca”. Pero este arquitecto tardó pocos meses en variar su proyecto y acabar, por enfrentamientos con las clarisas, en la cárcel de Caravaca.

     No sabemos con exactitud cuántos años después se hace cargo de las obras, según los planos del anterior, el también lorquino y prestigioso maestro José Vallés, a quien se le atribuye la fachada de la Colegiata de Lorca y que participa en las obras de los Jesuitas y del Santuario de la Vera Cruz de Caravaca.

     Nuevamente surgen problemas con la edificación, en este caso con soluciones relacionadas a la ampliación de las dimensiones de la iglesia, que monta sobre la antigua calle del Mercado, paralela a la de las Monjas, y que trae como consecuencia la encarcelación de este maestro en 1706. Los avatares de la construcción hacen que en 1714 no se hubiese concluido la iglesia y los medios económicos de las religiosas se encontraran muy mermados para su culminación, que debió acaecer entre 1715-18.

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El Monasterio en la actualidad

     El convento, aun habiendo sufrido los percances de la Desamortización de mediados del siglo XIX y la contienda civil española, ha llegado hasta nuestros días con pocas variaciones, sólo las que se originaron de sus necesidades de uso, mientras que la iglesia ha permanecido totalmente inalterada, si exceptuamos la pérdida de elementos decorativos como los retablos.

Personajes

     Entre los personajes relacionados con la historia del Monasterio, destacamos los siguientes:

Ginés de Perea, fundador del monasterio, vecino de Caravaca y Notario del Tribunal de la Inquisición en el Reino de Murcia. La erección del monasterio dio comienzo el 27 de septiembre de 1609 a expensas de su fundador.

José Vallés, lorquino y prestigioso maestro que se hace cargo de las obras del monasterio, según los planos del anterior maestro de arquitectura. Se le atribuye la fachada de la Colegiata de Lorca y participó en las obras de los Jesuitas y del Santuario de la Vera Cruz de Caravaca

Obispo Trejo. Según José Antonio Melgares pudo haber donado el retablo barroco (siglo XVII) de la Virgen de la Amargura, donde la decoración de la predela con mitras y hojarascas denota haber sido donación de este obispo que se encontraba en Caravaca en 1624.

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Fuente: www.regmurcia.com

La leyenda de las Fuentes del Marqués y sus frías aguas.

La leyenda de las Fuentes del Marqués y sus frías aguas

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El tiempo en la época veraniega transcurre más lento. Los largos días, que extienden su luz hasta bien entradas las últimas horas de la jornada, hacen antojar que ésta no se acaba nunca; y los rigores meteorológicos del calor nos obligan a refugiarnos bajo las sombras y tomar abundante líquido para evitar los efectos más perniciosos de la canícula.

Los calores del estío también inflaman, en cierta manera, las pasiones que durante las nieves quedan en letargo, encadenadas y aguardando las templadas temperaturas para liberarse y prender en nuestra imaginación episodios sólo confesables a nuestros círculos más cercanos, o acaso ni eso, reservándolos sólo para la intimidad de nuestra mente. Es en las últimas horas de luz, quizás las primeras de oscuridad, en las que el mercurio se apiada de nosotros y desciende para obsequiarnos con las muy rogadas y frescas brisas nocturnas, cuando las pasiones y los fuertes sentimientos pujan por salir a flote, una vez superado el calor, para compartirlos y entregarlos a quienes juzgamos dignos destinatarios de ello. Pasiones como las que consumieron a una bella joven mora y un noble caballero templario que hollaron nuestra tierra caravaqueña con sus pies y cuyo amor, si bien hecho de pura llama, hizo sin embargo que las aguas de nuestro maravilloso paraje natural de Las Fuentes del Marqués quedasen frías, heladas como el acero. Gélidas como la muerte.

Viajemos hasta nuestro rico medievo. Caravaca ya estaba bajo la protección de nuestra Santísima Cruz; y su fortaleza, gobernando desde el cabezo más alto, guarecida por un valeroso destacamento de caballeros templarios que guardaban las tierras circundantes y a sus pobladores de las abundantes algaras moras que desde la vecina Granada asaltaban los campos de Caravaca para obtener botín y esclavos que llevarse de regreso a su califato. Uno de esos botines que se apropiaron los moros fue algo de incalculable valor para nuestras gentes: el paraje de Las Fuentes, manantial de agua de las tierras caravaqueñas desde tiempos perdidos en las brumas del pasado, origen de la vida de nuestro pueblo, lugar de solaz para aliviar los pesares del alma de cuantos reposaban en él. Semejante tesoro obraba entonces en posesión de un rico sayyid árabe que levantó allí su residencia estival, dotándola de un palacete y unos baños, a la manera musulmana, donde limpiar el cuerpo y el alma, allí donde hoy encontramos las Cuevas del Marqués, aprovechando las tibias aguas termales que discurrían en el subsuelo.

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Él era un joven noble, un bisoño caballero templario aún en esa edad en la que la felicidad por las pequeñas y grandes cosas de la vida duraba días enteros. Su última razón de alegría era el haber sido reconocido por la muy noble Orden del Temple como miembro de pleno derecho y haber sido designado a uno de los destinos más importantes del reconquistado Reino de Murcia, ese que llaman “Carabaca”, bendecida por la presencia de una Cruz de doble brazo hecha de las maderas donde el Redentor derramó su sangre para salvación de la Humanidad, y cuya leyenda decía que tal era su poder divino que logró la conversión de un reyezuelo musulmán en la mismísima torre de la fortaleza donde unos ángeles del cielo la descendieron entre halos e himnos sagrados. La felicidad del joven templario por formar parte de los protectores de aquel lugar, pues, no podía ser mayor.

Ella era una muchacha musulmana de extraordinaria belleza y dolorosa melancolía. La hija del rico sayyid, que poseía Las Fuentes, en Caravaca, muy cerca de territorio cristiano; un ricohombre musulmán al que dejaban en paz, pues buenos tributos pagaba a la Corona de Castilla para ello. La joven gastaba sus días en la solitaria placidez de Las Fuentes, inmersa en letras durante el día y descansando sus pies en las templadas aguas del paraje durante la noche, sin mayor compañía que los trinos de los verderones en las enramadas y las zambullidas de las carpas en las aguas. Cuidábala su padre como una perla, pues era el mayor tesoro de su corazón; y aunque trataba de procurarle dicha con libros, música, y otros entretenimientos, no podía borrar por completo la languidez del rostro de su hija, pues a pesar de todo, la soledad le hacía daño como un lento mal que enferma el espíritu.

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Sucedió que el joven templario, espoleado por la chanza de sus amigos de la fortaleza, aceptó el reto de someterse a la “novatada” típica por la que han de pasar todos los nuevos caballeros. Ésta consistía en pasar una noche completa encerrado a oscuras en uno de los aljibes que surtían de agua al castillo, uno que ya no se utilizaba por estar medio ruinoso, y que estaba vacío, por tanto. Y así se hizo. El noble Jorge, como se llamaba el templario bisoño, tras varias horas de encierro en la oscuridad, comenzó a inquietarse y a andurrear por el interior del aljibe. De forma afortunada, observó cómo una piedra se desprendía de la bóveda y, lleno de curiosidad, el joven Jorge investigó aquello hasta que dio con la entrada de un túnel que llevaba mucho clausurado cuyos sellos, por avatares del paso del tiempo, empezaban a desmoronarse. El intrépido caballero tomó una tea ardiendo y procedió por el túnel, el cual estaba poblado por pequeñas alimañas, telarañas, y demás vida que prospera en la falta de luz. Tras un largo y polvoriento paseo, el templario avistó claridad y se dirigió a la presumible salida del túnel. Oyó el correr de las aguas, la suave brisa del viento nocturno, y una voz, tan dulce que habría derretido hasta el escudo de hierro más duro, entonando una triste cancioncilla. Cuando Jorge emergió del pozo, oculto entre la frondosidad de los arbustos, sus ojos se cruzaron con los de Hayla, la melancólica hija del sayyid moro, que estaba sentada junto al arroyo; su voz enmudeció de la sorpresa, y el amor prendió como una chispa de inmediato, como si dos almas que llevasen mil años buscándose de repente se hubiesen encontrado.

Las Fuentes fueron testigos cada noche durante varias semanas de aquel verano del amor que se profesaron el valiente y joven templario Jorge y la cultivada y bella dama Hayla. Cada noche, al acabar las protocolarias oraciones y guardias, Jorge recorría el túnel que unía la fortaleza de Caravaca con Las Fuentes para encontrarse con su impaciente dama mora para intercambiar historias, risas, besos, caricias, y promesas de amor. El Templario mantuvo en secreto la existencia de ese túnel, quizás existente desde la época en la que los moros dominaban Caravaca y ahora olvidado, por miedo a que su alcaide le prohibiese verse con su amada musulmana y le reprobase de la Orden. Ella también mantuvo el secreto, y cada noche se deslizaba fuera del palacete de su padre para correr al encuentro de Jorge. Cada noche, durante muchas noches, Jorge y Hayla compartieron sus penas y alegrías, y se amaron tan dulce y ardientemente como sólo pueden hacer dos jóvenes llenos de vida, tiernos de espíritu, que sentían haber encontrado su destino en los brazos del otro. Pero el destino es azaroso, justo e injusto a la vez, y tenía reservada una última noche para la pareja de enamorados.

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Jorge había recorrido una noche más el túnel con la ilusión de encontrarse con Hayla y macharse juntos, construir un hogar lejos de las guerras de moros y cristianos, y vivir para siempre su amor. Así lo habían acordado. Hayla le esperaba como cada ocasión en el arroyo, junto al pozo oculto por el que vería emerger una vez más el rostro de su amado antes de poder contemplarlo cada noche y cada mañana durante el resto de sus días. Desgraciadamente, los superiores de Jorge comenzaron a sospechar de las prolongadas ausencias nocturnas del joven, así como el padre de Hayla, que llevaba algún tiempo observando cómo su hija salía en la oscuridad a hurtadillas del palacete. El alcaide de la fortaleza hizo unas pesquisas y acabó descubriendo el túnel en el interior del aljibe abandonado, a través del cual envió a un pequeño grupo de templarios en pos de Jorge para resolver ese misterio. El noble musulmán hizo lo propio, armando a varios de sus sirvientes con arcos y gumias por si les amenazaba alguna fiera salvaje de aquellos montes en la búsqueda de la chica.

El joven templario salió del pozo una vez más, la bella mora le recibió con besos, ambos se fundieron en un abrazo… y se desató la tragedia. Los compañeros templarios de Jorge salieron del túnel al mismo tiempo que llegaban los sirvientes del sayyid. Ambos grupos, sin mediar explicación y temiendo un ataque furtivo, se lanzaron uno contra el otro vociferando el nombre de su Dios. Jorge permaneció inmóvil junto a Hayla, protegiéndola con su propio cuerpo, mientras sus compañeros intercambiaban aceros contra los hombres del sayyid. En medio de la confusión y el caos, el señor moro observó a su preciosa hija en manos de un templario, y temiéndose un rapto, cargó su arco con una flecha llena de desesperación, miedo e ira. El proyectil voló en dirección a Jorge… pero fue a atravesar el costado de su hija Hayla. La palidez se adueñó del rostro de la joven. Sus labios perdieron el color. Susurrando una última promesa a su amado Jorge, su cuerpo quedó inerte en los brazos del joven templario. Los ojos de éste se llenaron de espanto, su corazón quedó destrozado en mil fragmentos, y antes de que pudiese reaccionar, el sayyid, roto de dolor al conocer su terrible error, atravesó al paralizado Jorge con su espada. Ambos amantes, unidos en un abrazo eterno, cayeron al arroyo de Las Fuentes, cuyas aguas de repente perdieron su hasta entonces tibieza y se tornaron heladas, gélidas, como duelo perpetuo por el amor de los dos jóvenes amantes que abandonaron éste mundo prematuramente.

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El resto de la historia se pierde en la conjetura. Se dice que el sayyid, con el alma ensombrecida para siempre, abandonó Las Fuentes; los templarios reclamaron los terrenos del sayyid, derribaron su palacete, y levantaron un torreón en su lugar para guardar aquel bello paraje. El túnel, se dice, fue demolido y cegado para evitar males futuros, aunque muchos dudan de ésta parte. Los baños árabes de las Cuevas del Marqués dejaron de existir al haber perdido las aguas termales su temperatura templada. ¿Y qué ocurrió con los cuerpos de los amantes? Nunca se supo de ellos. Unos dicen que Dios se apiadó de los jóvenes y les transformó en agua en cuanto tocaron el arroyo; otros cuentan que sus cuerpos reposan en paz en el fondo de la fuente mayor del paraje natural, sepultados y unidos en su abrazo inmortal. Sólo hay algo seguro en ésta historia: Las Fuentes del Marqués han sido testigos de muchos episodios de la historia de Caravaca de la Cruz, y sus aguas heladas han sido durante siglos fuente de vida para sus habitantes, regando sus cultivos y apagando la sed de los sedientos. Respeta Las Fuentes del Marqués, visitante, pues son tierra de leyendas. Leyendas de nobles musulmanes y orgullosos caballeros cristianos. Y no temas beber de sus aguas, pues Las Fuentes las ofrece a todo el peregrino, y son tan puras como el amor de dos jóvenes inocentes, y tan imperecederas como las grandes historias que nos dan nuestra identidad como pueblo.

Fuente:  http://caravacaenfiestas.com