La última batalla de Alonso Fajardo ‘El Bravo’.

Hablar de un personaje como Fajardo ‘El Bravo’ resulta harto dificultoso. No sólo por lo que afirmaba Plinio El Joven, que “Es difícil presentar como novedad las cosas antiguas”, sino porque la figura de ‘El Bravo’ es más grande que el papel y la tinta (o en este caso, los kilobytes) que se han gastado hablando de su figura durante siglos.

Creemos que para enlazar adecuadamente esta narración con la historia de nuestra tierra, debemos empezar por el final: Alonso Fajardo ‘El Bravo’ se dio por muerto en Caravaca en 1461.
Y ahora, vayamos al principio.

GUERRERO, HÉROE, SAQUEADOR.

Se conoce la fecha de la “muerte” de Alonso Fajardo, pero no la de su nacimiento, más allá de haber sido alumbrado ya entrado el siglo XV. De estirpe guerrera (sus antepasados se engrandecieron haciendo la “guerra al moro”), Alonso fue armado caballero ante los muros de la fortaleza de Xiquena (perteneciente a Lorca, y tristemente poco conservada), dando comienzo a su leyenda. ‘El Bravo’ encarnó el arquetipo del infanzón medieval, el noble dedicado fundamentalmente a la guerra, dando fuertes y frecuentes quebraderos de cabeza a los musulmanes, a otros castellanos en el nombre del Rey, y también al propio Rey. Su apodo era tan conocido y temido que, según cuentan, bastaba mentarle para hacer bajar las hojas y poner tierra por medio, so pena de vérselas con él en persona.

Su mayor hazaña considerada tal fue la victoria en la Batalla de los Alporchones, de inmortal memoria en la historia murciana, y que tuvo lugar en los campos de Lorca, de cuya fortaleza era alcaide nuestro protagonista.

En 1452, las tropas del caudillo nazarí Al – Abbas regresaban a Vera (Almería) tras un fructífero saqueo a las tierras murcianas, cuando un enardecido Alonso Fajardo cayó sobre ellos con una tropa compuesta por infantes y caballería de Aledo, Murcia, y Caravaca. Los combates se prolongaron debido a las constantes reorganizaciones de las filas musulmanas, por lo que un hastiado Fajardo puso voz en grito y desafió al caudillo moro Al –Abbas a un combate singular que resolviera la batalla de una vez por todas. ‘El Bravo’ logró descabalgar al capitán enemigo y tomarlo preso, causando la ruptura de moral del bando musulmán, que se dio en desbandada. Esta victoria le regaló algunos años de relativa paz a la frontera murciana, y alimentó la épica de la ahora heroica figura de Alonso Fajardo. Cabe mencionar, como no puede ser de otro modo, que la victoria cristiana se atribuyó a la intercesión de San Patricio, en cuyo día (17 de marzo) tuvo lugar la batalla; desde tal momento San Patricio se convierte en patrón de Lorca y de la ciudad de Murcia.

El apellido Fajardo ganó relumbre, pero de muros para adentro, las tensiones familiares eran terribles. Alonso mantenía una larga y enconada enemistad con su propio primo, Pedro Fajardo, a cuenta del Adelantamiento de Murcia, cargo que Alonso creía merecer por derecho sucesorio. Esto no sólo le enfrentaba con sus parientes, sino con su señor el rey Enrique IV por añadidura. Ante tal situación, ‘El Bravo’ decidió acrecentar su poder por la vía dura, haciendo honor a su otro sobrenombre, Alonso ‘El Malo’, atacando señoríos cristianos rivales, aliándose con los musulmanes con intención de asediar Murcia, y arrasando con cuanta riqueza se le ponía a tiro. Llegó a mantener cautivo al comendador de Ricote en el castillo de Caravaca (Alonso Fajardo era entonces señor de la villa caravaqueña) mientras esquilmaba sus tierras. Como es lógico y natural, Enrique IV tomó cartas en el asunto y mandó desposeer al ‘Bravo’ de sus territorios.

LA IRA DE UN MONARCA, UNA CARTA DOLIENTE, Y UN ÚLTIMO ASEDIO

Acosado por sus enemigos, lanzados contra él por la corona, Alonso Fajardo escribió, precisamente tras los muros del Castillo de Caravaca, la célebre carta dirigida en 1458 a Enrique IV; misiva en la que, haciendo gala de unas enormes agallas, por decirlo suavemente, poco menos que le echaba en cara al Rey que mandase tropas a atacarle después de todos los servicios que le había prestado a él y a su padre Juan II; que si le quería fuera de juego, le comprase todo lo suyo para retirarse en Aragón, pues le saldría más barato eso que gastar en soldados; y que si aun así el Rey se empeñaba en hacerle mal, “… la destrucción del rey Don Rodrigo venga sobre vos y vuestros reinos, y vos la veáis y no la podáis remediar como él hizo…”. ¡Poca cosa!

La misiva debió templar los ánimos, pues el Rey le concedió indulto a cambio de su arrepentimiento. Pero al Fajardo no le llamaban ‘Bravo’ por la suavidad de su carácter, y al tiempo regresó a las viejas costumbres, ejerciendo la violencia contra otros señores cuya fidelidad al monarca era manifiesta y notoria.

Enrique IV decide pues terminar de una vez con el infanzón y le arroja lo mejor que tiene, la élite de sus ejércitos, una monstruosa fuerza comandada por su pariente y Adelantado Real Pedro Fajardo; el marqués de Villena Juan Pacheco; el comandante de artillería Lope Mendoza; y Pedro Girón, maestre de la Orden de Calatrava.

Con semejante imparable enemigo a las puertas, ‘El Bravo’ se refugió en su último bastión, Caravaca, al mando de una resistencia que aún aguantó el asedio a su castillo ¡durante casi un año!, obligando al contingente agresor a demandar refuerzos varias veces.

El 7 de diciembre de 1461, el propio Adelantado Pedro Fajardo comunicaba al Rey la derrota de su primo Alonso Fajardo ‘El Bravo’ y la rendición de la plaza caravaqueña. A partir de aquí, el destino de nuestro feroz personaje no queda claro del todo. Es lógico suponer que falleció durante el asedio, pero en ningún lugar se da cuenta de esto, ni se expuso su cadáver como advertencia ejemplarizante. Por tanto, cabe la posibilidad de que fuese cautivo y su destino le llevara a otros derroteros, o que incluso pudiera escapar de Caravaca y ocultarse en Granada, donde aún contaba con aliados.

Sea como fuere, la figura de ‘El Bravo’ quedó impresa con letra de oro en la historia del viejo “Reyno” de Murcia. Un personaje cuya apasionante vida sirvió de inspiración a unos versos de Lope de Vega; que de haber sido británico o estadounidense ya tendría series y películas dedicadas; y cuyas palabras, plasmadas en aquella carta enviada desde las murallas de Caravaca, aún poseen una fuerte resonancia en este célebre pasaje:

“O Rey muy virtuoso, soy en toda desesperación por ser así desechado de vuestra Alteza; soez cosa es un clavo y por él se pierde una herradura, y por una herradura un caballo, y por un caballo un caballero, y por un caballero una hueste y por una hueste una ciudad y un reino.”

Fuentes:

https://www.regmurcia.com/servlet/s.Sl?sit=c,373,m,3032&r=ReP-20605-DETALLE_REPORTAJES

https://degenesycongeneres.com/2020/08/23/alfonso-fajardo-el-bravo/ (Carta al rey Enrique IV)

https://dbe.rah.es/biografias/56020/alonso-fajardo-pineiro

https://elnoroestedigital.com/enero-de-1461-asedio-del-castillo-de-caravaca-por-las-tropas-del-adelantado-mayor-del-reino-de-murcia-2/

https://digitum.um.es/digitum/bitstream/10201/14703/1/08%20vol%202%20Carta%20de%20Alonso%20Fajardo%20al%20Rey%20de%20Castilla.pdf (Carta transcrita de Torres Fontes)