Noticias sobre el inicio de la exhibición cinematográfica en Caravaca

Os dejamos aquí un interesante artículo del archivero municipal Francisco Fernández sobre los comienzos de la exhibición cinematográfica en Caravaca. Precisamente fue en el mes de junio de comienzos del siglo XX cuando el caravaqueño Genaro Martínez-Egea adquirió un proyector y películas en París, y las presentó en el teatro Thuillier (entonces todavía no se llamaba así).

proyector cine 1909

No puedo precisar con exactitud cuándo se produjo la primera proyección cinematográfica en nuestra ciudad, aunque creo que pudo suceder tan solo un par de años después de que los hermanos Lumiere patentasen su invento. La primera sesión pública fue el 28 de diciembre de 1895 y su repercusión fue tal que rápidamente comenzó a difundirse por todos los lugares; en Murcia sin ir más lejos se presentó en 1896.  A comienzos de 1897 los fotógrafos moratalleros Sandoval e hijo encargaron un proyector en Paris, cuya llegada se esperaba con impaciencia y curiosidad a mediados de marzo. La intención de estos fotógrafos no era la de establecerse en un solo lugar, sino explotarlo por toda la provincia: “Es esperado con suma curiosidad el Cinematógrafo de Lumiere que los señores Sandoval é hijo, fotógrafos de esta villa, han encargado á París para su exhibición en esta y otros puntos a pesar de los gastos que dicho aparato demanda, siendo los que implantarán en esta provincia, tan raro invento de Edison, que reproduce fielmente las escenas de la vida, como el Fonógrafo la música y el canto”. En Murcia lo exhibió en el Teatro Circo durante la feria de ese año, por lo que no es de extrañar que, dada la proximidad de Caravaca y las relaciones comerciales que Máximo Sandoval tenía con nuestra ciudad, a donde se desplazaba periódicamente para realizar fotografías llegando incluso a instalar ocasionalmente su estudio, presentase aquí también “su notable adelanto” durante 1897, sobre todo teniendo en cuento que desde mediados de septiembre se contaba con luz eléctrica. Sin embargo, no nos ha quedado testimonio de ello, ni tampoco de otras sesiones posteriores hasta que el caravaqueño Genaro Martínez-Egea adquirió un proyector y películas en París, presentándolas en nuestro teatro (todavía no se llamaba Thuillier) el 28 de junio de 1901.  Martínez-Egea dirigía una sociedad de la que formaba parte también su hermano y en la que se había integrado asimismo el industrial José María García para esta ocasión. Inicialmente fijaron su presentación para las fiestas de mayo, pero ciertos imprevistos hicieron que tuviera que retrasase hasta finales de junio. La tecnología del nuevo proyector, “que reúne todos los adelantos que en esta clase de aparatos se han introducido hasta el día, con cintas fotograficas que son una auténtica maravilla”, hizo que las sesiones alcanzaran gran éxito prorrogándose hasta mediados de julio, en que se trasladó a Torrevieja para su explotación durante el verano. Toda la prensa local, Caravaca contaba en aquella época con dos periódicos, reflejó la admiración del público, sorprendido por su originalidad y perfección.  En la edición de “El Siglo Nuevo” de 30 junio de 1901 aparece así reseñado: “Los cuadros, que por su luz, por la fijeza de sus imágenes, y por sus novedades agradaron al público, que era bastante numeroso, y entre aplausos  y aclamaciones tuvieron que repetirse algunos números”. Más crítico se mostró el otro periódico, “La Luz de la Comarca”, advirtiendo de los inconvenientes de proyectar cierto tipo de películas: “Con una regular concurrencia anoche se celebró en nuestro teatro la función de cinematógrafo anunciada previamente, habiéndose exhibido una serie de cuadros de excelente efecto, que llamaron la atención del público, el cual hizo repetir bastantes números. Nuestra enhorabuena a los Señores D. Genaro Martínez y D. José María García, por su acierto en la elección, recomendándoles se concreten en exponer únicamente aquellos cuadros en que no se ofenda a la moral, pues otra cosa sería ahuyentar la parte sana del público con pérdida de sus propios intereses”.

Este mismo año de 1901 los caravaqueños pudieron disfrutar nuevamente del cine durante la feria, pero no en el teatro, donde estaba actuando una compañía de zarzuela, sino en un barracón ambulante, tal y como fue en sus orígenes: “hay también cinematógrafo, vistas, fenómenos y titirimundis, es decir varios espectáculos al alcance de todas las fortuna”.
El éxito del este nuevo espectáculo fue arrollador, imponiéndose en todos los lugares donde se presentaba, por lo que empezó a ser habitual su inclusión en la programación de los teatros y demás salas públicas. Sin embargo, en Caravaca apenas encontramos noticias hasta la llegada del Cinematógrafo Olimpia en el verano de 1907, que suscitó una gran expectación ya que al parecer hacía bastante tiempo que no se ofrecían distracciones de este tipo. Eso al menos se deduce del comentario aparecido en “El Siglo Nuevo” de 4 de agosto de dicho año: “Esperamos que el público ha de favorecer este espectáculo harto tiempo deseado en Caravaca”, en ese mismo ejemplar incluía cumplida información del espectáculo ofertado: “En la próxima semana comenzará a funcionar un magnífico cinematógrafo en el Teatro Thuillier de esta ciudad, que seguramente ha de llamar la atención del público. Su dueño, nuestro antiguo amigo don Pedro Gil, se propone presentar una magnífica colección de películas de gran tamaño, extensión y de un efecto sorprendente que harán desfilar por nuestro bonito coliseo a todo este vecindario”.

La presentación en nuestra ciudad del “magnífico Cinematógrafo Olimpia” se produjo el viernes 9 de agosto, programándose tres sesiones diarias, a las 9, 10 y 11 de la noche. El éxito fue total: “Todos los cuadros presentados fueron del agrado del público, el cual pasó un rato muy agradable, presenciando un espectáculo tan bonito. El señor Gil, dueño del cinematógrafo, se propone no presentar más que aquellas películas cuyos asuntos no ofendan a la moral, y este es un precedente para que los padres de familia lleven a sus hijas sin escrúpulos de ninguna especie”. Pasada la novedad de la primera semana, las proyecciones continuaron con notable afluencia de espectadores, “tanto, que algunas secciones se cuentan por llenos completos”, aunque también comenzaron a parecer los primeros comentarios negativos, no referidos a la calidad de las películas o del proyector, sino a la debilidad del suministro eléctrico: “las películas presentadas hasta ahora son muy bonitas, habiendo gustado mucho. Lástima que al aparato de proyección no pueda dársele toda la intensidad necesaria, para que los cuadros resultasen con más claridad y por tanto de mayor efecto lumínico. Pero este defecto no es causa del aparato del señor Gil, y sí de la fábrica que suministra el fluido eléctrico que no puede ceder más cantidad”.
Para incrementar la atención del público, a comienzos de septiembre el empresario introdujo una importante novedad, consistiendo en incorporar “como número final de cada sección” una actuación musical a cargo de “afamadas coupletistas”, pasando a ser dos las sesiones diarias. Las primeras en actuar fueron las conocidas “Hermanas Lulú”, directamente traídas del Salón Actualidades, en la madrileña calle de Alcalá. También esta modalidad de programación satisfizo al público, que continuó asistiendo al local, más atraídos por las actuaciones musicales que por las películas: “Todas las noches concurre bastante público a las dos secciones para admirar la gracia y desenvoltura de las hermanas Lulú, que están haciendo verdaderos prodigios de arte. Felicitamos al señor Gil y al público inteligente que sabe apreciar lo que vale”.
El Cinematógrafo Olimpia continuó sus exhibiciones hasta la feria de octubre, comenzando a continuación una gira por diversos lugares: “Las novedades que presente el señor Gil, serán conocidas también en estos pueblos comarcanos, donde pasará algunas temporadas”. Su vacante en el teatro fue ocupada por la prestigiosa Compañía Lírica dirigida por Cesar Muro, que deleitó al público caravaqueño con su repertorio de zarzuelas y comedias musicales.
Las siguientes noticias que conozco están fechadas en septiembre de 1908, aludiendo al éxito obtenido por las películas proyectadas: “El sábado también hubo función, gustando mucho las cintas y muy especialmente la que lleva por título <<Los piratas o la novia del marino>>, que entusiasmó vivamente al público” y en mayo de 1909, en que “teniendo que reanudarse las secciones cinematográficas del Teatro Thuillier y en vista del poquísimo fluido con que contaba” se adquirió “una magnífica dinamo suficiente no solo para iluminar el teatro, sino también las calles próximas a él”.

Fuente: www.elnoroestedigital.com

Iglesia parroquial de San Francisco en Caravaca de la Cruz

IMG_1053Una pequeña joya del casco antiguo de Caravaca, poco conocida para el turismo al ser eclipsada por la gran riqueza patrimonial de la Ciudad, es la iglesia parroquial del barrio de S. Francisco.

El barrio, y por tanto su parroquia reciben el nombre del santo debido a que se ubican sobre el antiguo convento y terrenos de los Monjes Franciscanos, fundación de la que hoy día sólo quedan algunas ruinas en la zona de la monumental plaza de toros.

La actual Iglesia de San Francisco era una ermita  dependiente de la parroquia del Salvador, hasta que en el año 1970 la diócesis, por el crecimiento del barrio y consiguiente aumento de feligreses, la dotó de la consideración de Iglesia parroquial. Al principio fue el mismo vicario de zona, D. José Sánchez Ramos el sacerdote designado para tutelarla, hasta que fue nombrado primer párroco D. Fulgencio Bernal.

En septiembre de 1977 llegó, para sustituir a D. Fulgencio, el que hoy es uno de los curas más queridos por todos los caravaqueños: D. Alfonso Moya Fernández, que permaneció en la parroquia hasta el año 1990. A él se le debe una actividad parroquial y cristiana intensísima, que debido al origen humilde de la gente del barrio, fue vital para muchas personas que siempre le recordarán con el cariño que se le debe a quién en los momentos de dificultad está a tu lado y te ayuda de todas las formas posibles.

También se le deben varias reformas y mejoras en la iglesia, así como la construcción de los salones parroquiales anexos que tan importantes serían más tarde, con la llegada del Camino Neocatecumenal a la parroquia en 1982 y el crecimiento de feligreses exponencial que este movimiento de la Iglesia Católica trajo consigo.

A partir del año 1990 han sido muchos los sacerdotes que han ido dejando su huella en la Parroquia e Iglesia de San Francisco. A casi todos ellos de una forma u otra hay que agradecer también el actual aspecto y belleza del edificio, que aun careciendo de la historia y poso de tantas otras de Caravaca de la Cruz, luce un esplendor y atractivo que la convierten, valoraciones históricas aparte, en una de las iglesias más bonitas de la Ciudad y un lugar digno de ser visitado.

Fotos: Tomás García López:

https://www.facebook.com/margaritadelcamino/posts/1348295081928858

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Plaza del Arco de Caravaca de la Cruz

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Creación de la Plaza del Ayuntamiento

También llamada Plaza del Arco, este núcleo urbano, declarado Bien de Interés Cultural en su grado más alto, se localiza en una de las zonas más antiguas de la ciudad de Caravaca de la Cruz. Presidida por la Casa Consistorial del siglo XVIII, también monumento de interés artístico, se puede admirar, en su extremo final, la Iglesia de El Salvador.

Como muchas otras plazas de España los acontecimientos históricos obligaron a cambiar el nombre de ésta. Todavía hoy se conserva una placa, en la fachada del Ayuntamiento, que nos recuerda que en 1812 era llamada Plaza de la Constitución.

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Arquitectura

Como todas las plazas, ésta de Caravaca forma parte del entramado urbano de la ciudad, ordenando la confluencia de algunas de sus calles y sirviendo de punto de referencia para la actividad comercial y administrativa del municipio.

De planta rectangular y alargada, formando dos espacios o ámbitos, dadas sus dimensiones, está presidida en uno de sus extremos, y ocupando dos laterales, por el edificio del Ayuntamiento y dependencias anexas. La forma en U del edificio de esta Casa Consistorial fue en realidad, ya en el momento de su construcción, el origen de la plaza y la recreación de un nuevo centro urbano para la ciudad de Caravaca.

No hay que olvidar que la fachada posterior de la parroquia de El Salvador también da a esta plaza y junto al Ayuntamiento son los dos edificios más antiguos de la zona, todas las demás construcciones son de época mucho más reciente.

La configuración original barroca de esta plaza se ha visto alterada a lo largo de los siglos. Hoy día la zona ajardinada con su Monumento al Moro y al Cristiano, obra de Rafael Pí Belda, y el detalle de sus farolas de forja de aire modernista convierten este espacio en una curiosa referencia a las plazas ajardinadas de comienzos del siglo XX.

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Creación de la Plaza

Durante el siglo XVIII el Concejo de Caravaca vio la necesidad de ampliar las dependencias de la Casa Consistorial. La construcción del nuevo Ayuntamiento en una zona urbana aún por desarrollar permitió la creación, no sólo del edificio, sino de una plaza.

Debemos tener en cuenta que durante el período barroco, que coincide con las monarquías absolutistas europeas, el desarrollo urbano de muchas ciudades partía siempre de la creación de plazas. Estos ámbitos arquitectónicos abiertos de las ciudades, dominados generalmente por algún edificio de carácter estatal o administrativo, venían a recordar y enfatizar la centralidad de los poderes públicos y, como venía siendo habitual a lo largo de los siglos, seguían concentrando parte de la actividad económica y social de las ciudades.

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Diferentes nombres de la Plaza

La plaza del Ayuntamiento de Caravaca ha visto su nombre cambiado a lo largo de los siglos, coincidiendo casi siempre con períodos histórico de relevancia política. Así, antes de ser Plaza del Ayuntamiento, se conoció como Plaza de la Constitución (la de 1812), Plaza Isabel II, Plaza de José Antonio o, con exacta referencia a uno de sus puntos arquitectónicos, Plaza del Arco.

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Mercado del Peregrino mes de mayo «Juegos Tradicionales»

Mercado del Peregrino Mayo

El domingo 21 de mayo en la calle Corredera de Caravaca de la Cruz de 10:00 a 14:30 horas se celebrará el tradicional mercado del peregrino. Este mes la temática del mercado nos recordará a nuestra infancia puesto que está dedicado a los juegos tradicionales.

Este Mercado reúne a artesanos de nuestra zona, los cuales exponen y venden los productos que ellos mismos elaboran.

Los visitantes podrán tener un agradable encuentro con esos artesanos que ofrecen lo mejor de sus oficios y tradiciones puesto al servicio de la alimentación, el regalo y la decoración; siempre con ese toque de exclusividad que dan las manos artesanas.
Se realizan variadas demostraciones artesanas, degustaciones gastronómicas y animaciones para pequeños y grandes.

 

El accidentado viaje de fray Julián de Ávila y fray Antonio Gaytán a Caravaca en 1575

Compartimos este artículo del archivero municipal, D. Francisco Fernández García, por lo divertido de la anécdota y lo esclarecedor acerca de la naturaleza de las largas «peregrinaciones», debido lo recóndito de nuestra Ciudad, en que se convertía viajar a Caravaca durante muchos siglos.

El accidentado viaje de fray Julián de Ávila y fray Antonio Gaytán a Caravaca en 1575

La historia del antiguo convento carmelita de San José que fundará Santa Teresa allá por el año 1575 está llena de episodios memorables que demuestran el enorme esfuerzo que requirió el establecimiento de las carmelitas reformadas en nuestra ciudad y las dificultades para su mantenimiento y continuidad, pues no hay que olvidar que a finales de 1663, antes de que se cumpliera el primer siglo de su llegada, la orden decidió el cierre del convento caravaqueño y su traslado a la villa toledana de Madridejos. La medida no llegó nunca a llevarse a cabo ya que el concejo de Caravaca se opuso con todos los medios a su alcance a tal pretensión por considerarla perjudicial para la villa y sus vecinos y contraria a las cláusulas contenidas en el contrato de fundación de dicho convento, llegando incuso a comisionar a un regidor para que se entrevistase con el Nuncio del Papa en nuestro país y le expusiese el asunto, pudiendo hacerlo asimismo ante cualquier otro tribunal y audiencia que se estimase oportuno, según se detalla en la carta de poder expedida al efecto.

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No voy a tratar el interesantísimo tema de la fundación caravaqueña por haberlo hecho en ocasiones anteriores, sino que me voy a centrar en un anecdótico suceso que tuvo lugar durante los preliminares de la fundación, cuando la orden negociaba con algunos vecinos de la villa la financiación de la misma y que ejemplifica las dificultades y desprotección que sufrían los viajeros en esa época, así como el mal estado de los caminos, sirviendo asimismo como retrato costumbrista del mal trance que sufrieron dos frailes carmelitas, los padres  Julián de Ávila y Antonio Gaytán, cuando recibieron de la madre Teresa el encargo de marchar a Caravaca. Inicialmente fue la propia Teresa de Jesús la que iba a viajar personalmente a nuestra ciudad para formalizar la fundación; no obstante, al ser advertida de las dificultades del viaje, cambio sus planes enviando en su lugar a los referidos frailes, que gozaban de su plena confianza y que fueron, a lo largo de su vida, eficaces colaboradores en la misión reformadora de la santa carmelita.
No conozco mucho acerca de estos personajes, aunque sé que el padre Gaytán viajó en varias ocasiones más a nuestra, siendo él, en mi opinión, el portador en otro viaje posterior de la célebre carta de Santa Teresa conservada en el Archivo Municipal de nuestra ciudad, no ocurriendo lo mismo con el padre Julián de Ávila puesto que, al parecer, esa fue la única ocasión que estuvo en Caravaca. Sin embargo es gracias a este último al que debemos el conocimiento de este suceso, ya que aparece relatado en el libro biográfico escrito por este religioso publicado por primera vez en 1881 con el título “Vida de Santa Teresa de Jesús”. Fray Julián de Ávila fue el primer capellán de santa y fue también uno de los que se encontraban presentes cuando, apenas transcurrido un año de su fallecimiento de Santa Teresa se exhumaron sus restos de su primitivo enterramiento en el convento de Alba de Tormes para su traslado al de San José de Ávila, momento en el que se le cortó un brazo al cadáver para dejarlo como reliquia en esa comunidad. Sin embargo, gracias a la influencia del Duque de Alba, un año después los restos regresaron a su primitivo emplazamiento, donde reposan en la actualidad. Por su parte, la reliquia incorrupta de su brazo tuvo una azarosa historia, llegando incluso a estar durante algunos años, en tiempos del dictador Franco, en la capilla del Palacio de El Pardo, época en la que viajó a muchas ciudades españolas, entre ellas Caravaca.

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Los padres Julián de Ávila y Antonio Gaytán recibieron el encargo de Santa Teresa de viajar a Caravaca para comprobar si los ofrecimientos para la fundación realizados por el hidalgo caravaqueño Rodrigo de Moya eran fiables y, en consecuencia, podían seguir los trámites para la misma. Tras comprobar la seriedad de la oferta, el 10 de marzo de 1575 se formalizó la escritura de donación, regresando seguidamente ambos a Beas, donde se encontraba la Madre Teresa. Aunque el relato no tiene fecha, a tenor de lo anteriormente expuesto, podemos conjeturar que el viaje tuvo que producirse en los crudos días invernales del mes febrero del referido año de 1575: “En la ida y en la venida se paso mucho trabajo de nieves y otros infortunios, que si todo se hubiera de contar no acabaramos tan ahina, pero lo que pasamos a la entrada de Caravaca no lo dejare de descir”.
El relato de la última etapa de este viaje se inicia en Moratalla, a donde llegaron los dos religiosos al anochecer y muy cansados “porque habiamos andado aquel dia muy larga jornada”, por lo que buscaron acomodo en una única posada que existía, como se encontraba completa, “había tanta gente, que no habia donde nos revolver”, decidieron buscar un guía y realizar el camino a pesar de lo avanzado de la noche. Emprendieron así la marcha pensando que alcanzarían su destino en un par de horas; al poco de iniciar el camino comenzó a llover y en la oscuridad de la noche observaron el comportamiento dubitativo del guía, preguntándole si se había perdido, a lo que este contestó afirmativamente: “Cuanto tal oimos, y viendonos por caminos no andaderos, no quiero descir los que dijimos”. La equivocación del guía provocó una discusión entre los dos religiosos, culpando el padre Gaytan al padre Julián del despiste por entretenerlo con oraciones y prédicas, cesando la discusión al comprobar el estado de embriaguez del guía, siendo esta la causa del extravío, por lo que decidieron continuar solos el desconocido camino en la oscuridad de la noche. Al fin llegaron a un lugar desde donde divisaron en lo alto de una cuesta la hoguera de un pastor, “dímosle voces que nos enseñase el camino y el, por no bajar, dijonos <<Por aquí, por aca>>, de suerte que nos tornamos a perder”. No consiguieron regresar al lugar donde estaba el pastor para volver a preguntarle por lo que decidieron buscar “algun cabo abrigado donde estar fasta la mañana”, pero no encontraron ninguno a propósito, por lo que optaron por continuar la marcha a pesar de lo perdidos que se encontraban: “Ni sabiamos si volviamos atrás, ni si ibamos adelante”. Finalmente se encontraron con un hombre, experimentando un gran alivio al sentirse salvados, pero resulto ser el guía que habían despedido, que andaba igualmente perdido. El enfado que cogieron fue tan grande que rechazaron su compañía y continuaron solos, hasta que poco antes de amanecer oyeron los ladridos de unos perros que les indicaron la dirección que debían seguir, relatando de este modo su llegada a nuestra ciudad: “Al cabo de ir muy cansados de andar, tan mal a veces, oimos ruido de perros, y como entendiamos que cierto lo eran, con mas buena atención los oiamos que la mejor musica que en el mundo pudieramos oir. Ansi que, yendonos andando hacia do los perros ladraban, cierto que topamos con las paredes del lugar, y no le veiamos según hacia de oscuro. A la primera casa preguntamos al que estaba durmiendo en su casa, que le debimos despertar a voces, diciendo ¿Cómo se llama el luga? Cuando el respondio que Caravaca, volviosenos el alma al cuerpo, y del trabajo pasado no haciamos ya caudal, aunque no dejabamos de tratar quen cara-vaca nos habia sido. Abrieronnos en una posada, y estuvimos aguardando el dia, que le faltaba poco para venir”.
Como ya queda dicho los referidos frailes se hospedaron en la casa de don Álvaro de Moya, permaneciendo en nuestra ciudad hasta la conclusión de su cometido, regresando a continuación a Beas para darle cumplida información tanto de las negociaciones seguidas como de la buena impresión que les causó nuestra ciudad, sin olvidar, eso si, los inconvenientes del viaje, como la propia Santa Teresa recoge en su libro de las fundaciones: “antes que se vinieron dejaron hechas las escrituras, y se vinieron dejándolas muy contentas; y ellos lo vinieron tanto de ellas y de la tierra, que no acababan de decirlo, también como del mal camino”.

Francisco Fernández García
Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz

FESTEROS DE ALTURA

Os dejamos aquí un interesante artículo sobre los gigantes y cabezudos de Caravaca de la Cruz.

Gigantes y cabezudos y el Tío de la Pita junto a estas figuras anuncian cada año la llegada de las fiestas de la Vera Cruz de Caravaca.

La tradición festiva de los gigantes se encuentra ligada, como otras muchas en Caravaca, a las Fiestas de la Cruz. Los gigantes son propiedad de la Cofradía de la Vera Cruz, circunstancia muy significativa ya que en el resto de localidades de España en las que existe esta manifestación cultural, los gigantes pertenecen a de una asociación cultural o dependen de los propios ayuntamientos.

GIGANTES

Los datos existentes sobre los gigantes y cabezudos de Caravaca de la Cruz permiten afirmar que las fiestas en honor a la Santísima y Vera Cruz de Caravaca han venido rodeadas a lo largo de su historia de una serie de actividades lúdicas y folclóricas, que han servido de complemento antropológico al núcleo religioso en torno al cual giraban, y que no era otro que la exaltación del culto a la Santísima y Vera Cruz de Caravaca portadora de un ‘Lignum Crucis’ y reconocida como tal por la Santa Sede.

Historia recogida

En cuanto a la presencia en la fiesta los historiadores locales también señalan que «entre los festejos que se realizaban ya desde siglos pasados se cuenta con el de gigantes y cabezudos, festejo que podemos remontarlo en sus orígenes, como mínimo al siglo XVII». Para argumentar esta afirmación, el historiador local Gregorio Sánchez Romero aporta datos del año 1722 referidos a documentos de Martín de Cuenca Fernández Piñero, historiador y capellán del templo de la Vera Cruz. También se refiere a la presencia del Tío de la Pita, y apunta que en 1803, el Ayuntamiento tuvo que destinar 200 reales para el pago del dulzainero.

Durante el siglo XIX la costumbre continúa y los medios de comunicación regionales (Diario de Murcia, 1881) se hacen eco de la presencia de los gigantes y de la aparición por entonces de la pareja de ‘Los Gitanos’ dentro del cortejo. En los programas de fiestas también hay referencias a los gigantes y Salas Nougurou escribía en 1989: «figurones: es la nota saliente para los niños, no preguntan a sus padres cuando es el día de la Cruz, sino ¿cuándo salen los gigantes?, ¿cuándo viene la dulzaina?».

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La familia

En la localidad la mayoría de las familias tiene uno o varios componentes que son festeros militantes, lo que equivale a decir que durante los días de fiesta o eres moro, cristiano o caballista. Pero si hay una familia especialmente festera es la que tiene como residencia oficial la ermita de San Sebastián. La familia cuenta con un total de 11 componentes adultos y otros tantos de enormes cabezas. Son los gigantes y cabezudos de Caravaca de la Cruz, unos festeros de altura.

El cabeza de familia se hace llamar ‘El Nano’, es el de menor estatura, característica que comparte con su compañera ‘La Nana’. En la misma casa habitan otras parejas como ‘El Gitano’ y ‘La Gitana’; ‘El Negro’ y ‘La Negra’; ‘El Moro’ y ‘La Mora; ‘El Cristiano’ y ‘La Cristiana’ y un soltero: el ‘Gigante Tomir’, que aunque nació hace tan sólo siete años es el más alto de todos.

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Fuente: laverdad.es

La cuna de los Caballos del Vino

Os dejamos aquí un interesante artículo del archivero municipal Francisco Fernandez

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Imagino que al leer el título que encabeza este artículo todo el mundo pensará en la Plaza del Hoyo, lo cual sin dejar de ser cierto, no se ajusta totalmente a la realidad. Si profundizamos en la historia de los Caballos del Vino distinguiremos rápidamente la existencia de varias etapas completamente diferenciadas, cifrándose la primera de ellas, atendiendo a la escasa documentación conocida, a mediados del siglo XVIII, precisando, eso sí, que no se trata de su principio sino de la data de los referidos documentos, puesto que en ellos se detalla que se realiza con anterioridad, “como es costumbre”. Así pues, es a esta primera época a la que alude el título y no a la posterior en que se popularizó la participación entre los caravaqueños, surgiendo los Caballos del Vino enjaezados por particulares.  La encomienda santiaguista de Caravaca tuvo un papel fundamental, mucho más importante del que hasta ahora se ha considerado, en el desarrollo de la ceremonia de la Bendición del Vino por la Vera Cruz; no solo por su aportación a la consolidación y subsistencia de los Caballos del Vino, puesto que durante mucho tiempo, tal vez desde su origen, tuvo a su cargo uno de los caballos que subían el vino, haciéndose cargo de todos los gastos del mismo, incluyendo la gratificación de los mozos que lo guiaban y también la de los que conducían el que preparaba la Mayordomía de la Cruz. Su cometido era más amplio, pues según se desprende de la documentación que conocemos, también tenía una gran responsabilidad en la provisión del vino y en su reparto una vez bendecido, en lo seguía sus criterios propios, reservándose asimismo el derecho protocolario a ser quienes lo distribuyesen. La primera de estas funciones aparece recogida en la “Descripción de las posesiones de la Encomienda de Caravaca” que se redactó en 1766 para conocimiento de su comendador, el Infante don Fernando Duque de Parma, en ella textualmente se dice: “que también es costumbre inmemorial el que esta encomienda enbie una carga de vino blanco al castillo el día dos de mayo de cada año”.

En cuanto al segundo punto, el reparto del vino, habría que hacer una cierta consideración. Martín de Cuenca fue el primero en dejar constancia de la ceremonia de la bendición del vino aseverando en su libro de 1722 que el vino se consumía directamente tras la conclusión de la ceremonia, repartiéndose a los enfermos solamente una pequeña parte del mismo: “Deste jarro de vino en que ha estado la Sagrada Cruz, van bebiendo aquellas mas principales personas que hay en aquel concurso, así hombres como mugeres, y de otros jarros grandes, en que tambien se ha puesto el pedestal con la soberana Cruz, van bebiendo gente de toda suerte de estados, en que se esperimentan todos los años singularísimas maravillas, sanando muchos de los males que traian, y sanando asímismo muchos enfermos, á quienes llevan de dicho vino”. Sin embargo, en la referida descripción de 1766, en el capítulo de obligaciones de la encomienda, se recogen sus funciones al respecto, deduciéndose de las mismas que se quedaba con una gran parte del vino para su posterior reparto: “y lo es igualmente el que esta encomienda enbie o reparta una porción crezida de dicho vino balnco, entre los señores juezes, estado ecclesiastico, comunidades relixiosas, rexidores, y demas personas de distincion de este pueblo, embiandoles a cada uno a sus casas un frasco grande o mediano segun su la calidad de suxeto, conmo tambien el dar de beber a toda la soldadesca quando pasa el dia tres de mayo la procesion por delante de esta casa terzia, y a los labradores alguna corta porcion, que piden para roziar los sementeros”.

El incumplimiento, entre otras, de estas funciones fue denunciado ante el rey por el ayuntamiento de Caravaca en 1782, presentando un memorial quejándose de las innovaciones introducidas por el administrador de la encomienda don José Vallejo, entre las que figuraban “no repartir al publico el vino que en dia de Cruz ha sido costumbre, ni subir al Castillo el que se ha de vendecir”.

En la Casa Tercia de Caravaca, situada en uno de los extremos de la calle mayor, se guardaban los aditamentos con que se engalanaba el caballo tras ser aparejado y cargado: un repostero para cubrir la carga y una bandera con la representación de la Cruz de Caravaca, que se colocaba sobre la misma indicando su participación en la ceremonia, convirtiéndose esta última en el principal signo de identidad de los Caballos del Vino, y también en ella estaba la gran bodega donde se almacenaba el vino de los diezmos así como las cuadras y caballerizas, por lo tanto es lógico pensar, que era en ese lugar donde se cargaba el vino y se adornaba el caballo, y que de ahí se dirigía al castillo, constituyendo este el primer itinerario seguido por los Caballos del Vino, existiendo al menos desde 1765, aunque como ya queda dicho su origen es anterior. Podríamos remontarnos a la construcción de este edificio en los primeros años del siglo XVII, pero también hemos de considerar que antes de la erección de la misma, la Orden de Santiago tenía alquilado un inmueble próximo a ella, donde efectuaba también funciones de almacenaje de diversos productos, entre ellos el vino. Sea como fuere, el caso es que este itinerario es uno de los pocos elementos que han perdurado desde entonces, por lo que debería de preservarse y cuidarse, y aunque bien es cierto que el que se efectúa en la actualidad procede de la reorganización de las fiestas que tuvo lugar un siglo después con el surgimiento de la misa de aparición y los grupos de moros de cristianos no es menos cierto, como queda demostrado, que los Caballos del Vino ya lo hacían con anterioridad.  Este momento central del siglo XIX es muy importante para las fiestas, ya que además de las novedades citadas, se produjo la desaparición de la Orden de Santiago, con lo que sus prerrogativas en el reparto del vino fueron asumidas por la Cofradía, en tanto que los Caballos del Vino pasaron a ser preparados y sacados por particulares de la población, terminando todo por reglamentarse a finales de esta centuria con la creación en el seno de la Cofradía de una comisión dedicada a la organización de los festejos.

Esta segunda etapa es también bastante desconocida ya que existen muy pocos documentos y fuentes para su investigación. El hecho más importante es el cambio de modo de transporte del vino, dejando de hacerse cargado sobre los caballos, surgiendo así un nuevo concepto de Caballo del Vino que llega hasta nuestros días, convertido en elemento festivo, adquiriendo cada vez mas relevancia las carreras, elemento importantísimo gracias al cual el festejo arraigó y se mantuvo vivo entre la población. Este hecho debió producirse en las décadas finales del siglo XIX ya que Torrecilla de Robles en su libro “El aparecimiento de la Cruz de Caravaca” de 1888 indica que los caballos hacían el recorrido cargados con el vino y adornados con un manto y una bandera mientras que Sala Nogarou en sus “Apuntes para formar el reglamento de la Comisión de Festejos de la Santísima Cruz de Caravaca”, redactado diez años después, explica que los caballos ya no transportan el vino solamente representan el hacerlo.
En este contexto de imprecisión, existen también algunas referencias contradictorias, así en la crónica de las fiestas de Caravaca publicada en el diario Las Provincias de Levante el 6 de mayo de 1902, el corresponsal reseña todavía la existencia de la pequeña carga de vino: “corriéndose antes catorce caballos, lujosamente enjaezados con carga de una pequeña cantidad de líquido que instantes después había de bendecirse”. Por otra parte resulta de gran interés la referencia a la participación de 14 caballos, lo que indica claramente su arraigo en la población. Las noticias, como decía, son muy escasas, pero reflejan su progresivo incremento, en 1910 se dice que son “en gran numero y muy vistosos” y en 1932 “una veintena”.  Paralelamente las Carreras (en esta época se utilizaba el plural), adquirieron importancia convirtiéndose, tras superar un intento de prohibición en 1892 por razón de su peligrosidad, en el reclamo fundamental para el público. La crónica festiva de 1902 destaca su generalizada aceptación y estimación: “Según nos aseguran, son bastantes los caballos que están preparando para efectuar las tradicionales carreras de caballos del vino, en la Cuesta del castillo. Es una fiesta algo peligrosa, pero que atrae mucho público”, valorándose la pericia de los caballistas, y resaltándose la ausencia de accidentes, como recoge la crónica festiva de 1894: “Los caballos del vino, sin atropellar a nadie, a que son tan expuestos por las condiciones en que se dan las carreras”.

Fuente: elnoroestedigital.com